En que se da cuenta cómo los traidores pusieron acusación a la reina y a los Abencerrajes, y cómo la reina fue presa por ellos, y dio cuatro caballeros que la defendiesen, y de lo demás que sucedió.
Los muertos ya enterrados de la una parte y de la otra, y habiendo cesado los llantos por ellos hechos, y reducida la parte mayor de los caballeros de Granada a la obediencia del rey Chico, por orden del valeroso capitán Muza, habiéndose pasado aquel día tan memorable para Granada, luego el día siguiente dio orden que fuesen a hablar al rey; y así se juntaron todos los más principales, y le fueron a ver, aunque contra su voluntad, solo por hacer placer al valiente Muza; y en entrando en su real sala, se fueron sentando por su orden, como antes solían, aguardando que el rey saliese de su aposento: el cual como supo que estaba allí Muza y los demás caballeros, salió vestido de negro mostrando tristeza en el rostro, y sentado en la silla real, mirando a todos, les dijo:
—Muy leales y verdaderos vasallos, amigos míos, bien sé que habéis estado muy enojados conmigo, y con deliberación de quitarme el reino y la vida por lo que hubo en el cuarto de los Leones, no sabiendo vosotros el fundamento y justa causa que a ello me movía, y sin escandalizaros; pero a veces la cólera ciega la razón de modo, que no da lugar a la consideración con el deseo de la venganza. Alá os guarde de rey injuriado, que no aguarda dilación su agravio. Y para satisfacción de mi poca culpa, y muy sobrada justicia, pedida y demandada de mi crecido agravio, habéis de saber, oh nobles granadinos, que los famosos Abencerrajes, de cuya fama el mundo está lleno, habían conspirado y hecho conjuración para privarme del reino y de la vida, y de todo esto tengo fulminado proceso con información bastante, por donde son dignos de muerte, y más. Albín Hamete, Abencerraje, violó mi honra con mancha de adúltero, tratando con la reina Sultana, mi mujer, de deshonestos y secretos amores, aunque no lo fueron tanto, que con facilidad fueron descubiertos; y en esta sala hay caballeros testigos de vista que lo dirán y sustentarán, y a esta causa se ejecutó ayer lo que visteis, queriendo por mi mano tomar venganza de tan enorme injuria y deshonra; y si no se descubriera tan presto mi intento, no hay duda, sino que no fuera ya vivo ningún Abencerraje; mas mi mala suerte ordenó que se descubriera. De lo pasado me pesa solo por el alboroto de la ciudad, y por haber muertes de nobles y leales caballeros a manos de los Abencerrajes vivos y de los Gazules, y la sangre de los Zegríes y Gomeles vertida por mi causa pide justísima venganza, la cual prometo hacer por Mahoma. Y ahora doy por sentencia que los Abencerrajes que son culpados en esto, por tener atrevimiento de entrar con mano armada en mi casa real, sean desterrados de Granada, y dados por traidores, y sus bienes confiscados a mi real Cámara, para que de ellos haga mi voluntad; y los que no son tan culpados y los ausentes, así alcaides, como los que no lo son, que se queden en Granada privados de mi real servicio. Y si tuvieren hijos varones, los envíen a criar fuera de la ciudad; y si fueren hijas, que las casen fuera del reino; y esto mando que se publique por toda Granada. Y en lo que toca a la reina Sultana, mi mujer, mando que los caballeros que han de poner la acusación la pongan luego; y puesta, sea presa, hasta que se vea su justicia conforme a derecho, que no es justo que un rey como yo viva afrentado. Estas dos cosas fueron la causa, buenos caballeros y leales vasallos, del alboroto de ayer: ahora considere cada uno la causa por suya, y juzgue lo que haría, y verá cómo no se satisface mi agravio, y respóndame.
Dichas estas palabras por el rey todos los caballeros que estaban allí juntos se miraban los unos a los otros, y admirados de todo aquello que el rey les había dicho, no sabían qué responderle, porque ninguno de los que vinieron con Muza a dar la obediencia al rey, no dio crédito a cosa ni parte de lo que tocaba a los Abencerrajes, como ni a lo de la reina, y luego entendieron ser traición; y así los caballeros Almoradís, Almohades, y otros que eran parientes de la reina Sultana, hicieron entre ellos gran movimiento y comunicación, y al cabo de una pieza que el rey aguardaba respuesta, se levantó un caballero Almoradí, tío de la reina, y respondió, diciendo:
—Atentos hemos estado, rey Abdalí, a tus razones, con las cuales no menos pesadumbre y alboroto que ayer se espera; porque en lo que has hablado manifiestamente parece ser averiguada traición, así en lo que toca a los caballeros Abencerrajes, como en lo de la reina; porque los Abencerrajes son nobles, y en ellos no puede caber traición, ni tal de ellos se puede presumir; porque de su bondad y nobleza siempre han dado verdadero testimonio sus obras, por las cuales tú y tu reino habéis resplandecido; y si ahora los mandas desterrar, tu reino de hoy en más lo puedes dar por ninguno, y al tiempo pongo por testigo; cuanto y más, que aunque tú los destierres, si ellos con su gusto y voluntad no se quieren salir de Granada, no los puedes tú hacer fuerza, atento que no eres rey supremo por ser vivo tu padre, el cual estima mucho a este linaje. Si no me crees, mira tu palacio, y verás como en faltando todos los Alabeces, Gazules, Aldoradines y Venegas, parece estar solo y sin acompañamiento ninguno, y te has de ver sin todos estos y otros muchos, por ser amigos de los Abencerrajes, pues la plebe ya bien sabes el amor que les tiene; y sé de cierto, que si el amor de ellos levantara bandera contra ti, te echaran del reino en que estás; pero son leales, y antes morirán que tal hagan. Repórtate, rey mal aconsejado, y no te ciegue la cólera; y en lo que dices de la reina que ha sido adúltera, es falso; es matrona ilustre y honesta, y se debe tener y estimar en mucho; y si contra ella te mueves o alteras, los Almoradís, Almohades y sus parciales te hemos de quitar la obediencia, y hemos de darla a tu padre; y cualquiera que pusiere falta o dolo en la reina Sultana, miente y es un villano, y yo lo probaré donde quisiere.
El traidor Zegrí, Mahandín Gomel, Mahandón y Abenhamete con saña se levantaron y dijeron que lo que ellos decían era verdad, y quien lo contradecía, mentiría.
Los Almoradís se alzaron poniendo mano a las armas; todos los Zegríes y Gomeles hicieron lo mismo, y con gran enojo se fueron los unos a los otros, moviendo mucho escándalo y alboroto en el palacio real; mas los caballeros Azarques y Alarifes, Muza, Sarracino, Reduán y el mismo rey, obraron tanto, que no los dejaron juntar, antes los aquietaron e hicieron sentar; y estando sosegados dijo estas razones Muza:
—Señores caballeros, yo querría que se pusiese la acusación a la reina, y que por ella sea presa, pues confío en Alá que su inocencia ha de ser verdugo de los acusadores falsos, y han de morir o retractarse de lo dicho, de donde se seguirá mayor lauro y corona de honor a la inocente reina y a todos los de su linaje; para lo cual salga aquí la reina, responda por sí, y dé y señale caballeros que la defiendan.
A todos pareció bien lo que Muza dijo, y así fue llamada la reina Sultana, la cual fue acompañada de sus damas, y los caballeros se levantaron y la hicieron grande acatamiento, salvo los traidores; y antes que la reina se sentase en su estrado le dijo Muza:
—Hermosa Sultana, hija del famoso Moraicel, y de nación Almoradí por descendencia del padre, y Almohades por la madre, descendientes de los reyes de Marruecos: sabrás, reina de Granada, por tu daño, como en esta sala hay caballeros que pongan dolo en tu castidad, diciendo que no has guardado las leyes conyugales, como era razón, a tu marido el rey; antes dicen que has adulterado y hecho traición con Albín Hamete, Abencerraje; por lo cual ayer fue degollado con los demás Abencerrajes que murieron. Si esto es así, lo cual todos nosotros no creemos, porque tenemos entera satisfacción de tu bondad, virtud y castidad, has incurrido en pena de muerte de fuego; por tanto da razón de ti, para que no haya más escándalo del que por tu causa ha habido; y si no le das cual conviene a tu honor y al de tu marido, morirás quemada conforme a nuestras leyes: yo te lo he dicho, no por ofenderte, sino para que repares con tiempo la defensa y lo que te conviene, que por mi parte seré en tu favor y en todo lo que pudiere, como lo verás.