—Yo seré el segundo, y serviré de tercero y cuarto.

Muza dijo:

—Pues yo ayudaré también, y no faltará otro caballero que ayude, porque se haga la batalla cuatro a cuatro; y mire la reina si nos quiere admitir, que como caballeros juramos de hacer el deber.

La reina respondió:

—Muchas mercedes, señores caballeros, por la que me hacéis tan señalada; yo veré lo que me importa, pues tengo término suficiente, aunque sé que en hacer tales caballeros la batalla, mis enemigos serían vencidos, y mi honra satisfecha.

El rey mandó que estuviese presa en la torre de Comares, y en su compañía Galiana y Celima para que la sirviesen. Luego Muza y otros caballeros llevaron a la desdichada e infeliz reina presa, y la pusieron en un aposento, y a la puerta doce caballeros de guarda, con orden que si no es a Muza, otro no pudiese entrar a hablar con ella. Esto hecho se despidieron del rey todos los caballeros, por lo que había pasado.

Las damas de la reina se fueron todas: las doncellas en casa de sus padres, y las casadas a sus casas con sus maridos. Reduán se llevó a su querida Haja; Abenámar a Fátima, que estaba muy triste por lo que sus parientes habían hecho. Todas las demás damas se fueron, quedando desierto el cuarto de la reina.

Quedaron con el rey Zegríes, Gomeles y Mazas, por acompañarle, y a muchos pesaba de lo que habían empezado a hacer, porque imaginaban que no podían tener buen fin todas aquellas traiciones.

Luego se pregonó que dentro de tres días saliesen los Abencerrajes desterrados, so pena de las vidas.

Los Abencerrajes pidieron dos meses de término, porque querían salir del reino; y fueles concedido a instancias de Muza, porque entre él y ellos se trató lo que adelante se dirá.