Estaba Granada divisa y llena de bandos y escándalos cada día, y más se acrecentaron cuando los caballeros Venegas dieron noticia de la crueldad que el rey Chico había usado con su hermana y con sus sobrinos; la cual fue de todo punto causa de que los Almoradís, Almohades, y Marines, y otros muchos caballeros de gran valor le desampararon; de tal manera, que casi toda Granada estaba apercibida en su daño.
Solo tenía de su parte a los Zegríes, Gomeles y Mazas; y como estos tres linajes eran tan poderosos, le sustentaron en su estado hasta que se perdió, como adelante se dirá.
Volviendo a la muerte de los hijos de Moraina y de la suya, hubo en Granada grande sentimiento del doloroso caso. Todos decían que era el rey muy cruel, tirano, enemigo de su sangre, e indigno del reino y de la vida.
Quien más sintió esta muerte fue el capitán Muza, hermano de Moraina, y firmó con juramento, que había de ser vengada aquella traición antes de muchos días; y si Muza sintió el desaforado caso, cruel y grave, no menos lo sintió el rey Mulahacén, que al fin era su padre.
Y después de haber hecho gran llanto por su amada hija y por los nietos tan queridos, con ferviente enojo se fue a armar, y se puso un fino jaco y un acerado casco, y sobre el jaco una aljuba de escarlata, y tomó una tablachina en el brazo izquierdo; y llamando a su alcaide, le dijo, que muy presto juntase la gente de su guardia, que eran más de cuatrocientos caballeros.
El alcaide los juntó, y les dijo que el rey Mulahacén los mandaba juntar; que estuviesen apercibidos para lo que les mandase.
Ellos dijeron, que allí estaban a su mandado.
Y visto por el rey que los de su guardia estaban juntos y alistados, salió a la plaza de su palacio, donde estaba toda la gente, y les dijo así:
—Valerosos vasallos y amigos míos, grande deshonra es que mi hijo me usurpe cetro y corona contra toda mi voluntad, y que siendo yo vivo haya otro rey; y bien sabéis cómo se hizo llamar rey por el favor y ayuda que le dieron los Zegríes, Gomeles y Mazas, diciendo que yo era viejo y sin provecho para la guerra y gobierno del reino; y por este engaño y color de ambición muchos caballeros le han seguido, y me han dejado contra toda razón. Que bien se sabe que ningún hijo puede ser heredero del reino, ni de hacienda hasta la muerte de su padre; y así lo mandan expresamente las leyes, las cuales ha quebrantado mi hijo, me ha usurpado el reino, y procede mal en la gobernación; pues en lugar de conservar la paz y sosiego en que yo tenía el reino, es perturbador e inquietador de ella, y alborotador del pueblo; y en lugar de guardar a todos recta justicia, hace los mayores absurdos que en el mundo se pueden imaginar. Mirad cómo mandó degollar a los nobles Abencerrajes sin culpa suya, y cómo sin ella tiene presa a su mujer, imputándola de adúltera; y lo que más me lastima es, que haya muerto a mis nietos y a mi hija. Pues si siendo vivo yo hace esto, ¿qué hará en viéndose solo? Bien podéis desamparar vuestra patria y tierra, y buscar la ajena. Ya no quiere Alá que tal tirano viva en el mundo, y así estoy dispuesto y determinado a la venganza de mi amada hija y de mis queridos nietos, dando muerte acerba a este enemigo de su sangre y reino: por tanto, amigos y leales vasallos, vuestra ayuda pido para tal venganza, que más vale perder un vil príncipe, que no que se pierda por sus tiranías un reino como el de Granada. Seguidme todos luego, y mostrad vuestro valor acostumbrado.
Diciendo esto, mandó a su alcaide que guardase muy bien su fortaleza, y se partió para la casa real donde estaba el rey Chico su hijo, diciendo él y todos los suyos: