Y diciendo esto, comenzó a herir en la gente del rey su padre con tanto ánimo, que puso en los suyos tal brío, que hicieron retirar gran trecho a la gente de Mulahacén; lo cual visto por el viejo, dando voces, decía:
—No os retiréis de esta vil y traidora canalla.
Con el ánimo que les daba cada rey a los suyos peleaban todos con mucho esfuerzo y valor; pero poco les aprovechó a los del rey Chico su ardimiento, porque eran más valerosos los del rey viejo; y perdida la esperanza de cobrar lo perdido, se retiraron hasta los mismos aposentos del rey Chico, y allí comenzaron a pelear los unos con los otros cruelmente; de suerte que todo el palacio estaba poblado de cuerpos muertos, y bañado en sangre de los heridos.
En esta refriega se encontraron padre e hijo; y viendo el viejo el estrago tan grande que en su gente hacía su hijo, sin mirar el paternal amor que debía tenerle, acometió a él con una furia de hircana sierpe, diciendo:
—Aquí pagarás, aleve, la muerte de mi hija y nietos.
Y diciendo esto, le dio un tan gran golpe con la cimitarra en la rodela, con que le reparó, que se la hendió en dos partes, y el reyecillo fue herido en el brazo; y si no se reparara bien, allí acabara la vida; y fuera gran bien para Granada, porque se evitaran tantos males como por su causa hubo.
Pues como el rey Chico se vio herido, y sin rodela, con indecible coraje, no respetando las canas de su padre, ni teniéndole aquella reverencia y obediencia que los buenos hijos deben tener a sus padres, alzó el brazo para herirle con el alfanje; mas no tuvo efecto su mal propósito, porque a la sazón acudieron muchos caballeros así de una parte como de otra, cada uno por favorecer a su rey.
Aquí se aumentó la gritería y se renovó la civil y sangrienta batalla; de manera que era gran compasión ver la mortandad de aquella mal considerada gente. Tan sin piedad se mataban y herían, como si en ellos de antigüedad viniera algún mortal odio y civil guerra.
Allí eran hermanos contra hermanos, padres contra hijos, parientes contra parientes, sin guardar el decoro al parentesco y amistad, no más guiados que por pasión y afición de sus reyes; cada uno favoreciendo donde más afición tenía, y así con estos motivos de cada parte andaba tan sangrienta la refriega, como si fuera batalla hecha entre dos enemigos ejércitos.
Mas como la gente y guardia del rey Chico eran más que los de Mulahacén, sacaban ventaja; lo cual conocido por un moro de la parte de Mulahacén, hombre de ardid y buen soldado, por salir con la victoria que pretendían, comenzó a decir en altas voces que todos lo oían: