A ellos, a ellos, rey Mulahacén, que en tu socorro vienen los caballeros Alabeces, Gazules y Abencerrajes: mueran los traidores, pues de nuestra parte está la victoria.

Oída esta voz por el rey Chico y por los suyos, desmayaron de suerte que parecía verse en manos de la muerte, y por evitar el notorio peligro que les amenazaba determinaron desamparar la casa real para no verse despedazados a manos de los caballeros Alabeces, Gazules y Abencerrajes; y con un esfuerzo muy crecido acometió al rey Chico con una tropa de ellos por no dejarle en poder de sus enemigos, y se salieron del real palacio, dejando a sus espaldas otra gran parte de caballeros que le defendían de sus contrarios.

Los del rey Mulahacén los seguían con grande osadía, entendiendo que así era verdad, que tenían socorro.

De manera que los unos retirándose y los otros siguiéndolos, unos defendiendo, otros ofendiendo, llegaron a las puertas del Alhambra, las cuales hallaron abiertas, porque las guardias las desampararon visto el alboroto y bajaron a la ciudad a dar aviso a los Zegríes y Gomeles de lo que pasaba, y en la plaza Nueva hallaron algunos de ellos, y les dieron relación de todo lo que pasaba en el Alhambra.

Y como supieron el caso, a gran priesa subieron a ella; pero llegaron tarde, porque ya estaba el rey fuera de las puertas y toda su gente, y estas muy bien cerradas y puestas las guardias necesarias.

Los Zegríes, Gomeles, Mazas y otros caballeros de su parcialidad, como vieron al rey Chico herido en el brazo, y la mayor parte de su guardia destruida, muerta y herida, se escandalizaron y se llevaron al rey Chico al Alcazaba, antigua casa de los reyes, la cual era muy fuerte, y tenía su alcaide y gente de guardia.

En esta se aposentó el rey, donde fue curado con gran diligencia, y con la guardia necesaria para su seguridad.

Estaba con mucha pena porque había perdido el Alhambra, y con no menos saña procuraba la venganza de ella contra el rey Mulahacén, el cual estaba muy alegre por ver su Alhambra libre de sus enemigos; y por limpiarla de todo punto, mandó que a todos los cuerpos muertos de los contrarios los echasen por las murallas abajo, y a los de su bando les diesen honrosas sepulturas. En las torres pusieron banderas y estandartes, mostrando mucho contento y alegría, y tocando añafiles y dulzainas.

En toda la ciudad se supo cómo el rey Mulahacén quedaba señor del Alhambra, y había desbaratado y herido al rey Chico; con lo cual todos fueron muy regocijados, porque le aborrecían como a la muerte.

Quien más celebró el contento fueron los Abencerrajes, Alabeces, Gazules, Venegas y Aldoradines, y fueron muchos de ellos con el valiente Muza a darle el parabién de la victoria, y le ofrecieron de nuevo su ayuda, lo cual les agradeció el rey Mulahacén.