Muza procuró paces entre su padre y su hermano, y no era posible, porque era tan grande el odio del rey viejo contra su hijo, que no quiso hacer lo que le pidió Muza, antes dijo que no había de tener contento hasta verle destruido. No quiso porfiar Muza a su padre, por conocer en él que tenía muy presente la muerte de Moraina su hija.
Dejemos a Mulahacén en su Alhambra, y al rey Chico en su Alcazaba siguiendo sus intereses, y tratemos de los Almoradís, Almohades y Marines, linajes muy poderosos y ricos, parientes de la reina Sultana, tan sin culpa presa.
Ya se acordará el lector que estos caballeros Almoradís y Almohades se salieron de palacio amenazando al rey Chico por lo que hacía con su mujer la reina. Pues así como salieron del real palacio, todos se conjuraron contra el rey Chico para matarle, o a lo menos privarle del reino, porque tan sin causa tenía presa a su mujer. Y asimismo se juntaron contra los Zegríes por el testimonio que habían levantado a la reina.
Para conseguir mejor su fin, acordaron de trabar estrecha amistad con los Abencerrajes y sus parciales, sabiendo que por esta vía tenían a toda Granada de su bando.
Con esta resolución se fueron a casa de un hermano del rey Mulahacén, llamado Abdalí, y le hallaron en un aposento, solo, y muy triste en ver que no podía remediar aquellas maldades y traiciones que se habían hecho contra los Abencerrajes, y prisión de la reina, y la muerte de Moraina y sus niños; y como entraron en su aposento aquellos caballeros Almoradís, que eran doce, y llevaban comisión de todos, se maravilló Abdalí y les preguntó qué buscaban.
Los caballeros le dijeron que no se recelase, que más venían en su provecho que no en su daño, que le querían hablar despacio.
Abdalí los mandó sentar en un estrado muy rico, a su usanza; y estando sentados, uno de los Almoradís le dijo:
—Bien sabes, príncipe valeroso, las grandes insolencias que se hacen en Granada, y las civiles y sangrientas guerras, como aquellas tan memorables de Sila y Mario; y si has mirado, no hay calle que no brote sangre de nobles caballeros; de todo lo cual es la causa tu sobrino el rey Chico, por admitir los malos consejos, pues sin culpa mandó degollar a los Abencerrajes, y por esta causa murieron muchos Zegríes, Mazas y Gomeles; y no contento con esto mató a su hermana Moraina y a sus tiernos hijos: que estas cosas no son de rey sino de un bárbaro, cruel y tirano, sediento de sangre humana, y derramador de ella. Ahora ha tenido una refriega y trabada pelea con su padre, que ya la sabrás, en la cual han muerto muchos caballeros, y al fin Mahoma fue de la parte de tu hermano; de suerte que ya tu sobrino está desterrado del Alhambra, y se ha apoderado del Alcazaba con favor y calor de los Zegríes, Mazas y Gomeles; y nosotros los Almoradís y Almohades le hemos quitado la obediencia, porque sin culpa tiene presa a su mujer la reina Sultana, dejando su honra puesta en manos de la fortuna; mira si no lo hemos de sentir, siendo tan cercana parienta nuestra, y más viendo cuán tiranamente procede él en la gobernación del reino, y las extorsiones que cada día nos hace a todos; y visto esto nos hemos apartado de su obediencia junto con Marines, Abencerrajes, Gazules, Aldoradines, Venegas y todos los ciudadanos, que morirán porque vivan los Abencerrajes, y pase su valor adelante; y considerando que tu hermano es ya viejo, y cansado de las guerras que contra los cristianos ha tenido, no puede gobernar como conviene, y que según su naturaleza vivirá poco, y ha de quedar por rey Abdalí, nuestro capital enemigo, el cual no hay duda sino que perseverará en lo que ha comenzado, y con mayor violencia por verse solo en el reino, todos hemos determinado que tú seas rey de Granada, pues tu valor lo merece, para que gobiernes el reino en la paz y quietud que todos deseamos, y seamos los caballeros tratados con amigable benevolencia, como de tu bondad se espera. A esto solo habemos venido los doce Almoradís que ves, por comisión dada de todos los caballeros que os hemos referido. Danos respuesta luego, y de no querer admitir el reino lo daremos a Muza, que aunque es hijo de cristiana, lo es de tu hermano, y merece por su valor y esfuerzo ser príncipe del mundo.
Con esto dio fin el Almoradí a sus razones, aguardando que Abdalí respondiese, el cual parando un poco en el caso les dijo:
—Mucho agradezco, señores caballeros, la voluntad y la oferta que me hacéis: la carga que un rey se echa sobre sus hombros es muy grande, las obligaciones son muchas y mis fuerzas son pocas: mi hermano está vivo y con dos hijos; yo no hallo razón concluyente por donde pueda aceptar el favor que me prometéis; además de que cuando no mirase a las circunstancias dichas, será mover nuevas disensiones, guerras civiles y alboroto. Los más principales caballeros y toda la ciudad son de parte de mi hermano: no alborotemos más la tierra; pero sea de esta manera: yo sé que mi hermano está mal con su hijo, y al fin de sus días no le dejará el reino, sino a mí o a uno de mis hijos: hablémosle mañana, diciéndole que ya es viejo, y que me dé la gobernación del estado, para que le alivie de tanta carga; y si me da este oficio, con facilidad se podrá hacer lo que me pedís, y al fin dirán que por consentimiento de mi hermano habrá sido.