A todos les pareció muy bien lo que Abdalí respondió, y tuvieron por buen consejo aquel; y así quedó determinado, que el siguiente día se tratase aquel caso con el rey Mulahacén; lo cual se trató con él, yendo para ello muchos caballeros Abencerrajes, Alabeces, Venegas y Gazules; y estando todos con el rey, un caballero de los Venegas le habló, diciendo:

—Noticia tenemos, rey Mulahacén, de todos nuestros pasados, de que los reyes de Granada han sido para con los vasallos benévolos y apacibles, y siempre les han tenido muy crecido amor; lo cual ahora es al contrario, pues tu hijo en vez de hacer mercedes a sus súbditos, sin ocasión les quita las vidas. Ya sabrás lo que ha pasado estos días, y el escándalo y alboroto de la ciudad por la muerte de los nobles Abencerrajes, de lo cual han redundado aquestas guerras civiles, muertes, y desastrados fines entre los ciudadanos; y sé cierto, que si no se pone remedio, en poco verás tu ciudad despoblada, porque todos irán a buscar la paz a las ajenas tierras, pues en la suya no la tienen: nadie se queja de ti, ni hay por qué; pero nos recelamos de tu hijo, que tan mal procede en el gobierno de tu estado; que si ahora que eres viejo nos faltas, y por tu edad la muerte llama, y tu hijo queda por ley, será gran daño de todos; y así querríamos que pusieses un gobernador para que te aliviase la carga de la gobernación, y que en faltando tú, diesen el reino al gobernador, siendo cual conviene. Por tal elegimos a tu hermano Abdalí, y será posible que tuviese enmienda tu hijo, visto que has puesto gobernador; y puesta su enmienda, merecerá tener el reino. A esto solo hemos venido a darte cuenta de nuestra pretensión, lo cual te suplicamos nos otorgues, y en cambio de esta merced que te pedimos, si nos lo concedes, te damos palabra, a fe de caballeros hijosdalgo, de quererte servir, y obedecer en todo y por todo mientras vivieres.

Atento estuvo el rey Mulahacén a las palabras del caballero Venega; y reparando en que las leyes disponen que herede el hijo al padre, en particular siendo reino; y cuando se acordó de la gran desobediencia que su hijo había tenido con él, y los grandes daños que por su causa habían sucedido, y recelándose de otros mayores, acordó de dar contento a estos caballeros, viendo ser justa la petición, y que era en provecho de todos, y así dijo que era contento en que su hermano gobernase el reino junto con él; y después de muerto, su hijo Abdalí fuera rey, porque debía dársele el reino.

Los caballeros le dieron las gracias por la merced que les había concedido, y dieron a Abdalí el parabién de gobernador; y habiendo jurado de hacer lo que se debía en el oficio de la gobernación, y de guardar la lealtad debida a su hermano, al son de muchos instrumentos se le dio el cargo.

Con esto se despidieron del rey todos los caballeros, y acompañaron al gobernador hasta su casa: y luego aquel día mandó pregonar por toda la ciudad, que cualquiera que recibiese algún agravio de otro, que fuese a su casa, y que él satisfaría a cada uno conforme a derecho, guardando a todos justicia. Toda la ciudad se holgó mucho por la elección hecha, porque mediante esto iban quitando las fuerzas al rey Chico.

Así se entendió apaciguar la ciudad, y fue echar leña al fuego y alquitrán a la pólvora; porque luego que el rey Chico llegó a saber lo que su padre había hecho, en lugar de enmendarse, hacía mil agravios y desafueros, y cosas indecentes, todo confiado en los Zegríes, Gomeles y Mazas; y estos linajes se comunicaron acerca de lo que harían, pues había creado Mulahacén coadjutor para el gobierno.

Resolviéronse en que siguiesen al rey Chico y persiguiesen a los Abencerrajes, pues tenía poder para uno y otro; y que no desamparasen al rey hasta la muerte; y así le dijeron al rey, que él solo lo sería, o morirían en la demanda; y entendida por el rey Chico esta voluntad de sus valederos, les mandó que cualquiera persona noble o plebeya que fuese de la parte del rey su padre o del gobernador se la llevara allí, y al momento fuera degollada; y si se defendiese por no ser presa, que la matasen al punto.

Por esta causa fueron degollados y presos muchos que hacían la parte del rey Mulahacén; y sabido por él, y por Abdalí, gobernador, mandaron lo mismo a todos los de su parte.

De aquesta suerte había más matanza cada día, que en Roma en tiempo de las guerras civiles.

La ciudad se dividió en tres opiniones y partes: la una seguía a Mulahacén, y eran los Abencerrajes, Gazules, Alabeces, Aldoradines, Venegas, Azarques, Alarifes, y la mayor parte del común, por el amor que a los Abencerrajes tenían.