Al rey Chico seguían Zegríes, Gomeles, Mazas, Laugetes, Bencerrajes, Alabeces y otros caballeros.
Al gobernador Abdalí seguían Almoradís, Almohades, Marines, y otros muchos caballeros, por ser estos dos linajes de los reyes de Granada.
De esta suerte estaba la desventurada ciudad repartida, y cada día había mil escándalos y muertes.
La gente ciudadana, mercaderes, oficiales, ni labradores, no se atrevían a salir de sus casas. Los caballeros y gente principal no salían menos de veinte juntos, porque si les acometiesen sus contrarios, pudiesen resistirlos; y si salían seis, o diez, luego los acometían, prendían y degollaban; y si se defendían, los mataban allí. Con estas violencias y crueldades había cada día llantos, tristeza y pesadumbres.
Había tres mezquitas en Granada, y a cada una acudía su bando.
En lo llano de la ciudad había una, donde ahora es el Sagrario, a la cual acudían el rey Chico y sus apasionados.
Otra había en el Albaicín, que ahora se llama S. Salvador, y a esta acudía el gobernador y su gente.
En el Alhambra había otra, que ahora se dice Santa María, donde estaba Mulahacén y los de su bando.
Cada uno conocía su distrito y jurisdicción.
¡Oh Granada, qué desventura fue esta que vino sobre ti! ¿Qué se hizo tu nobleza? ¿Dónde está tu riqueza? ¿Qué se hicieron tus pasatiempos, tus galas, justas y torneos, juegos de sortija, fiestas de S. Juan, músicas adornadas y zambras? ¿Adónde están tus admirables juegos de cañas? ¿Qué se hicieron las vistosas libreas de los gallardos Abencerrajes; las delicadas invenciones de los Gazules; las altas pruebas y ligerezas de los Alabeces; los costosos trajes de los Zegríes, Mazas y Gomeles? ¿Dónde está todo tu bien y contento? Paréceme que se ha convertido en lágrimas, tristezas, traiciones, muertes, lagos de sangre vertida con crueldad y tiranía.