Quedó la ciudad tan sola, ausentes estos caballeros, que se parecía muy bien su falta. Echaban menos los caballeros la noble y hermosa compañía; los galanes el dechado de sus galas, los cautivos pobres su remedio; los huérfanos y viudas su amparo.

Idos los Abencerrajes tomó el rey posesión de todos sus bienes, y los mandaba pregonar por traidores, a lo que no dio lugar Muza ni otros caballeros, so pena de volver a la guerra pasada. Y cesando en el rey este propósito, cesó el de los caballeros amigos de los Abencerrajes. Dieron aviso al rey Mulahacén como habían salido los Abencerrajes a cumplir su destierro; lo cual sintió mucho, y dijo que él los volvería a Granada a pesar de su hijo y de sus consejeros.

Los Abencerrajes fueron adonde el rey D. Fernando estaba, y en su compañía iban Sarracino y Galiana, Reduán y Haja, Abenámar y Fátima, Zulema y Daraja: todos con muy firme propósito de recibir el bautismo, como lo hicieron.

Y llegados a la real presencia del rey D. Fernando, fueron de él y de su corte muy bien recibidos, y a otro día fueron bautizados, siendo el rey padrino y la reina madrina, y los casaron según orden de nuestra Santa madre Iglesia a los que eran casados cuando moros: a todas las cuales ceremonias asistió el rey y la reina y todos los grandes, honrándolos; y fueron hechas fiestas y regocijos por todos, y pasadas les fueron asentadas plazas de muy ventajosos sueldos.

A las nuevamente bautizadas hizo la reina Doña Isabel damas de su estrado. Los caballeros fueron sentados en compañía de D. Juan Chacón, señor de Cartagena, y capitán de caballos.

Hizo teniente a un caballero Abencerraje, llamado cuando moro Alí Mahomad Barrax, y cristiano, D. Pedro Barrax; Sarracino, Reduán y Abenámar fueron tenientes de capitanes de caballos, como lo fue de D. Manuel Ponce de León, Sarracino; de D. Alonso de Aguilar, Abenámar; de D. Pedro Portocarrero, Reduán.

En las cuales compañías servían con cuidado, y en las ocasiones se echaba de ver el valor de sus personas; donde los dejaremos por acabar el pleito de la reina Sultana.

Habiendo pasado treinta días más de los que había el rey concedido a la reina Sultana para que diese quien la defendiera, como no había dado caballeros mandó el rey que la sentenciasen a quemar, porque así lo disponía la ley.

A lo que contradijo el valiente Muza diciendo que no había podido la reina nombrar caballeros, respecto de las guerras civiles y diferencias que había habido en Granada, y así no se debía ejecutar la sentencia.

A Muza ayudaron todos los principales caballeros de Granada, salvo Zegríes, Gomeles y Mazas, por ser de su bando.