nació de aquella virgen, como digo;
después en una cruz pagó la ofrenda,
que al más inmenso Padre se debía;
allí en todo rigor la fue ganando,
por darle al pecador eterna gloria.
En esta virgen, pues, reina y señora,
ahora te encomienda en este trance,
y tenla desde hoy por abogada,
y tórnate cristiana; y te prometo,
que si con devoción tú la llamases,