que en limpio sacaría esta tu causa.»

La reina estuvo a todo muy atenta,

y llena de consuelo halló en su alma

con las palabras dulces y discretas

que la Esperanza dice, y consolada,

habiendo en su memoria ya revuelto

aquel alto misterio de la Virgen;

teniendo ya impreso allá en su idea,

que gran bien le sería ser cristiana,

poniendo en las reales y virgíneas