manos sus trabajos, tan inmensos;

y así abrazando a su Esperanza, dijo:

«Han sido, mi Esperanza, tus razones

tan vivas y tan altas, que en un punto

con penetrante fuego han allegado

a lo que muy más íntimo tenía

allá en mi corazón, y más secreto,

y con afecto grande se han impreso;

tanto, que yo querría que ya fuese

llegado el feliz punto, tan dichoso,