en que cristiana fuese; y te prometo

tener por abogada a la que Madre

de Dios inmenso fue por gran misterio.

Y así lo creo yo, como tú dices,

y a ella me encomiendo ya, y ofrezco

en sus benditas manos mis angustias

con esperanza viva de remedio:

la pongo desde hoy, y en Dios confío

por su bondad inmensa, que me saque

de tan terribles males a buen puerto.»