Cuando decía esto D. Juan Chacón, tenía en la mano la carta de la reina, y al descuido la dejó caer en sus faldas, sin que se reparase en ello por los jueces, y cayó el sobrescrito hacia arriba.

La reina pidió a Celima que con recato le diese aquel papel: ella le alzó y se lo dio, y luego conoció su letra y advirtió el secreto, y con disimulación miró a Esperanza de Hita, que estaba divertida mirando a D. Juan Chacón; y volviendo la cabeza a mirar a la reina, ambas se entendieron mirándose la una a la otra, y maravillada la reina de su traje y disfraz, respondió a D. Juan Chacón:

—Yo he estado aguardando hasta ahora a cierto caballero que me dio palabra por letra suya, de estar hoy aquí con otros tres caballeros; y pues ya es tarde, y vos, noble caballero, queréis tomar este cuidado a vuestro cargo y de vuestros compañeros, yo lo agradezco mucho.

D. Juan replicó y dijo:

—Yo, señora, me prefiero a hacer lo que ese caballero, y no le reconozco ventaja, ni es mejor que yo; ni los tres caballeros que había de traer no excederán en cosa alguna a los que vienen conmigo: sed cierta de esto, señora, y dadnos licencia.

—Yo la doy —dijo la reina—, y creedme, virtuoso caballero, que no debo cosa ninguna en obra ni en pensamiento de lo que se me imputa, y así pelearéis seguros.

D. Juan dijo a los jueces que advirtiesen lo que la reina decía. Lo cual oído por los jueces mandaron que se escribiese aquel auto y lo firmase la reina: firmó, y haciendo el acatamiento debido a la reina, se bajó del tablado D. Juan Chacón, y subiendo en su caballo dijo a sus compañeros:

—Señores, nuestra es la batalla, empecémosla antes que sea más tarde.

Los caballeros de la parte de la reina rogaron a los defensores que hiciesen todos sus poderíos, como de tan buenos caballeros se esperaba; lo cual ellos prometieron, y así con toda la caballería los llevaron enmedio, paseándolos y dando vuelta por toda la plaza al son de muchas chirimías, añafiles y dulzainas.

Entraron en el palenque los caballeros cristianos, y recibiéndoles pleito homenaje de que en aquel caso harían el deber, cerraron la puerta.