En todo este tiempo no quitaba la vista Malique Alabez de D. Manuel Ponce de León, porque le parecía haberle visto, y no se acordaba dónde, y decía entre sí:
—Válgame Alá, y qué traslado es aquel caballero turco de D. Manuel Ponce de León; pero no es él, porque es turco, y él es cristiano.
Miraba el caballo, y conocíale por haberle tenido en su poder. Así andaba confuso, si era o no, y llegándose a un caballero Almoradí, tío de la reina, le dijo:
—Si el caballero del caballo negro es el que imagino, cierta está la libertad de la reina.
El caballero Almoradí dijo:
—¿Quién es? ¿Conoceisle por ventura?
—Yo os lo diré después, veamos ahora cómo le va en la batalla.
Diciendo esto, miraron a los caballeros, los cuales descubrían los escudos que eran muy fuertes y relucientes.
Ahora, pues, será bien tratar de qué colores eran las ropas turquescas. Eran todas de paño fino de color celeste, guarnecidas con franjones de oro y plata: los albornoces eran de seda azul. Llevaba cada caballero un turbante de toca de seda, listada de oro, y hecho de unas lazadas curiosas. En la parte de arriba del bonete en la punta, puesta una media luna de oro.
Los pendoncillos de las lanzas eran azules, y en ellos las armas de sus escudos, porque D. Juan Chacón llevaba en su pendoncillo una flor de lis de oro, y en el escudo en un cuartel de sus armas un lobo en campo verde, el cual parecía despedazar un moro. Encima del lobo había un campo azul, y en él una flor de lis de oro, y una letra que decía: Por su mal se devora, significando que aquel lobo se comía aquel moro por el testimonio que a la reina había levantado.