que cometió sin recelo.
Asimismo llevaba en el pendón de la lanza este bravo caballero el águila dorada, como en el escudo.
El alcaide de los Donceles llevaba por divisa en su escudo en campo blanco un estoque, los filos sangrientos, la cruz de la guarnición era dorada, en la punta del estoque tenía clavada una cabeza de un moro goteando sangre, con una letra en arábigo que decía de esta suerte:
Por los filos de la espada
quedará con claridad
el hecho de la verdad,
y la reina libertada.
Muy maravillados quedaron todos los caballeros circunstantes, así los de la una parte, como los de la otra, en ver la braveza de los cuatro caballeros, y más en ver las divisas de sus escudos, por las cuales conocieron claramente que aquellos caballeros venían al caso determinadamente y con acuerdo; pues las divisas y letras de sus escudos lo manifestaban, y que la reina los tenía apercibidos para su defensa; y se admiraban grandemente de que en tan pocos días vinieran de tan lejas tierras; pero considerando que por la mar pudieran haber venido en aquel tiempo, con esto no curaron más de inquirir ni saber el cómo y cuándo, sino ver el fin de la batalla.
El valeroso Muza y los otros jueces se admiraron de ver aquellas divisas; y para gozar mejor de verlas pidió Muza un caballo, y subiendo en él se entró en el palenque, y mandó a un criado que le tuviese allí una lanza y una adarga, por si fuera menester.
Los dos jueces se estuvieron con la reina, la cual decía: