—Esperanza, dime, ¿conociste a aquel caballero que subió a hablarme?

—Sí, señora, aquel es D. Juan Chacón, que aunque viniera más disfrazado, no dejara de conocerle.

—Ahora digo —dijo la reina— que es cierta mi libertad, y el vengarme de mis enemigos.

Malique Alabez y el animoso Gazul, y otros muchos caballeros, parientes y amigos de la reina, se pusieron alrededor del tablado, y por lo que se ofreciese.

A este tiempo el alcaide de los Donceles empezó a picar a su caballo, y lozaneando se fue adonde estaban los caballeros acusadores, y llegando a ellos, les dijo en alta voz:

—Decid, caballeros, ¿por qué tan sin razón habéis acusado a vuestra reina y señora, y habéis puesto dolo en su honra?

Mahomad Zegrí le respondió:

—Acusámosla por ver con nuestros ojos cometer el delito de adulterio, y volviendo por la honra de nuestro rey, lo manifestamos.

El valeroso alcaide, lleno de cólera, le respondió:

—Cualquiera que lo dijere, miente como villano, y no es caballero; y pues estamos en parte donde se ha de saber la verdad, apercibíos al momento todos los traidores a la batalla, que hoy habéis de morir confesando lo contrario de lo que tenéis dicho.