Allí habló un alfaquí
de barba crecida y cana:
«Bien se te emplea, buen rey;
buen rey, bien se te empleaba;
Mataste los Bencerrajes
que eran la flor de Granada,
acogiste advenedizos
de Córdoba la nombrada.
Pos eso mereces, rey,
una pena bien doblada,