Del nombre de este alcaide Ávalos se llamó el alcaide de Vélez el Rubio D. Pedro de Ávalos, a quien el rey D. Fernando hizo muy grandes mercedes por su valor, y le dio y otorgó grandes privilegios, en que pudiese traer armas, y tener oficios nobles en la república. Del alcaide de Vélez el Blanco, hermano del que hemos dicho, fue padrino un caballero llamado D. Fadrique. De aquestos tres famosos alcaides hay hoy día deudos, en especial de Ávalos.

De esta suerte se iban tornando cristianos algunos de los más principales alcaides de estos lugares, entregándosele sin pensar.

Siendo el rey apoderado de todas estas fuerzas ya dichas, determinó de irse a Almería por ver su asiento, y ponerla cerco, dando lugar a los moros que se habían dado para que los que quisiesen se fuesen a África, o adonde les pareciese, y que los que quisiesen estar quedos, que se estuviesen.

Con esto el rey fue a Almería, donde tuvieron con los moros encuentros.

Partiose de Almería el rey, dejando el cerco para después; y asimismo lo hizo en Baza, después de haber bien reconocido y visto donde podía poner sitio y real.

Tuvo con los moros en Baza grandes encuentros, donde murieron muchos de ellos: allí hizo D. Juan Chacón cosas memorables.

Levantose el real, y fue a Huéscar, la cual se dio luego. Aquí mandó el rey despedir la gente de guerra, y él se fue a Caravaca a adorar la santa cruz que allá está, y de allí se partió a Murcia, donde estaba la reina Doña Isabel, y descansó aquel año.

En este tiempo hubo grandes rebeliones en los lugares que se habían dado; pero el rey D. Fernando los apaciguó enviando gente de guerra que los aquietase.

El año siguiente puso cerco el rey D. Fernando a la ciudad de Baza, donde hubo muchas escaramuzas y batallas entre moros y cristianos. Vino a tanto extremo de necesidad Baza, que pidió socorro al rey viejo, que estaba retirado en Guadix, y al rey Chico de Granada, mas este no quiso darla ningún socorro. El rey viejo envió bastimentos y gente de guerra a Baza.

Muchos moros de Granada comenzaron a alborotar la ciudad; y visto que el rey de ella no quiso dar favor a los de Baza, decían que los cristianos ganaban el reino, y no eran socorridos los moros, y que era mal hecho; y así se salían muchos moros secretamente al socorro de Baza.