El rey Chico enojado contra los que alborotaban la ciudad, mandó hacer pesquisa de ellos, y sabido les hizo cortar la cabeza.

Al fin Baza se dio, y Almería y Guadix, porque el rey viejo las entregó. El rey D. Fernando le dio ciertas villas en recompensa; pero a pocos días se pasó a África.

Así como se dieron las tres ciudades dichas, no hubo villa, lugar ni fortaleza que no se diese al rey Católico; de suerte que todo el reino estaba aprisionado, salvo la ciudad de Granada; y así será bien dar fin a las guerras civiles, y tratar del rey de ella.

Ya dijimos como fue prisionero el rey Chico de Granada por el alcaide de los Donceles D. Diego Fernández de Córdoba, señor de Lucena, y por el Conde de Cabra; y como el rey D. Fernando le dio libertad, con condición que el moro le había de dar cierto tributo.

Otrosí, entre estos dos reyes fue concertado que acabado de ganar a Guadix, Baza y Almería, y todo lo demás del reino, el rey Chico le había de entregar al rey D. Fernando la ciudad de Granada y Alhama, con el Alcazaba y Albaicín, Torres-Bermejas y castillo de Bibatambién, con todas las demás fuerzas de la ciudad; y que el rey D. Fernando le había de dar al rey moro la ciudad de Purchena y otros lugares en que estuviese, para que con las rentas de ellos viviese hasta su fin.

Pues habiendo el rey cristiano ganado a Baza, Guadix y Almería, con todo lo demás, luego envió sus mensajeros al rey moro que le entregase a Granada y fuerzas de ella, como estaba puesto en el concierto y trato, y que él le daría a Purchena y los lugares prometidos.

A esto respondió el rey moro que estaba arrepentido del trato hecho, que aquella ciudad era muy grande y populosa, y llena de gente, naturales y extranjeros, de los que habían escapado de todas las ciudades ganadas, y que había diversos pareceres sobre la entrega de la ciudad, y aun se comenzaban nuevos escándalos en ella; y que aunque los cristianos se apoderasen de la ciudad, que no la podrían sojuzgar: por tanto, que su alteza pidiese dobladas parias y tributo, que lo pagaría, y que no le pidiese a Granada, que no se la podía dar, y que le perdonase.

Con aquesta respuesta se enojó el rey D. Fernando, en ver que le quebraba la palabra, y tornó a replicarle, que tenía determinado de darle a Purchena y otros lugares; y que pues le faltaba de su promesa, no le daría sino otros pueblos no tan buenos; y que pues decía que la ciudad de Granada no podía ser sojuzgada, que él se avendría con la gente, y que siendo entregado en las fuerzas, y quitando las armas a los moradores, los allanaría con facilidad; y que si no le entregaba la ciudad le harían cruel guerra.

Turbado el moro de la resolución del rey cristiano, juntó todos sus consejos, con los cuales comunicó aquel caso, y sobre ello hubo grandes pareceres.

Los Zegríes decían que no hiciese tal, ni por imaginación, ni quitase las armas.