Muy admirado y confuso se halló el rey con las razones que su hermano Muza decía, y con la libertad con que le hablaba; y dando un doloroso suspiro, viendo que de todo punto le convenía dar su ciudad bella, porque no tenía reparo de hacer otra cosa; considerando que todos los caballeros querían ser de la parte del rey Católico, y su mismo hermano con ellos, y considerando que si no entregaba la ciudad, los males que la gente de guerra en ella pudieran hacer, así de robos como de forzar a las doncellas y casadas, y otras cosas que los victoriosos soldados suelen hacer en las ciudades que rinden, le dijo a su hermano que estaba de parecer de darle ayuda y ponerse en las manos del rey D. Fernando.
Y para la ejecución de ello le dijo a Muza que llamase y juntase todos los caballeros y linajes que estaban de aquel parecer, lo cual hizo luego el capitán Muza.
Y siendo juntos en el Alhambra, se trató con ellos si le darían al victorioso rey D. Fernando a Granada. Todos los que estaban allí, Alabeces, Aldoradines, Gazules, Venegas, Azarques, Alarifes y otros muchos caballeros de este bando, dijeron que la ciudad se entregase al rey D. Fernando.
Visto que la flor y lo mejor de los caballeros de Granada estaban de parecer que la ciudad se entregase; mandando luego tocar sus trompetas y añafiles, al cual son se juntaron todos los caballeros, y cuando el rey Chico los vio juntos, les contó lo que estaba tratado entre él y su hermano, que por dolerse de la ciudad y no verla por el suelo, se la quería entregar al rey cristiano.
En la ciudad alborotada por esto, daban diferentes votos unos de otros: los unos decían que no se diese la ciudad; otros que sí, porque era bien para toda la ciudad; otros decían que anduviese la guerra, y que les vendría socorro de África; otros que no vendría.
En estos dares y tomares estuvieron treinta días, al cabo de los cuales fue entre todos determinado de dar la ciudad, y ponerse a la misericordia del rey D. Fernando; y con condición que todos los que quisiesen vivir en su ley y quedarse con sus haciendas, trajes y lenguaje, así como habían quedado todas las demás ciudades, villas y lugares que al rey cristiano se le habían entregado.
Acordado esto de esta manera, fueron a hablar al rey D. Fernando sobre ello, y los que fueron a tratarlo eran Alabeces, Aldoradines, Gazules, Venegas, y Muza por cabeza de todos; los cuales salieron de la ciudad y fueron a Santa Fe donde estaba el rey D. Fernando acompañado de los Grandes de Castilla; el cual como vio venir tan grande escuadrón, mandó que el real se apercibiese por si fuese menester, aunque por cartas de Muza sabía lo que se trataba en Granada.
Llegaron al real los granadinos caballeros, se apearon y entraron en Santa Fe, y fueron al alojamiento real. Eran Muza, Malique Alabez, Aldoradín y Gazul, los cuales llevaban comisión de tratar este negocio.
Todos los demás caballeros moros quedaron fuera del real paseándose y hablando con los demás caballeros, admirados de ver tanta braveza y apercibimiento de guerra, y de ver aquel fuerte real y su asiento.
Finalmente, los comisarios moros hablaron con el rey, y Aldoradín, caballero muy estimado, dijo lo siguiente: