A la sazón había en Granada muchas fiestas, a causa de haber recibido la corona el rey Chico, aunque contra la voluntad de su padre, el cual vivía en el Alhambra, y el rey Chico en el Albaicín y Alcazaba, visitándole los caballeros más principales, por quien había recibido la corona, así Abencerrajes, como Gomeles y Mazas.

Pasando estas cosas, el muy valeroso maestre de Calatrava D. Rodrigo Téllez Girón, con mucha gente de a caballo y de a pie, entró a correr la vega de Granada y hizo en ella algunas presas; y no contento con esto, quiso saber si había en Granada algún caballero que con él quisiese escaramucear lanza por lanza; y sabiendo como en Granada hacían fiestas por la nueva elección del rey Chico, acordó de enviar un escudero con una letra suya al rey, el cual estaba en Generalife holgándose con muchos caballeros, y en llegando el escudero pidió licencia, y diósela; y siendo en presencia del rey, hizo el acatamiento debido, y dio el recado de su señor el maestre.

El rey lo recibió y lo hizo leer alto, que todos lo entendiesen, y decía así:

«Poderoso señor, tu alteza goce la nueva corona, que por tu valor se te ha dado, con el próspero fin que deseas. De mi parte he sentido gran contento, aunque diversos en leyes: mas confiado en la grande misericordia de Dios, que al fin tú y los tuyos vendréis al claro conocimiento de la santa fe de Jesucristo, y querrás amistad con los cristianos. Y pues ahora hay tantas fiestas por tu nueva corona, es justo que los caballeros de tu corte se alegren y reciban placer, probando sus personas con el valor que de ellos por el mundo se publica. Y así por este respeto yo y mi gente hemos entrado en la Vega, y la hemos corrido; y si acaso alguno de los tuyos quisiere salir al campo a tener escaramuza uno a uno, deles tu alteza licencia para ello, que aquí aguardo en el Fresno gordo cerca de tu ciudad. Y para esto doy seguro que de los míos no saldrán más de aquellos que salieren de Granada para escaramucear. Ceso besando tus reales manos.—El maestre D. Rodrigo Téllez Girón.»

Leída la carta, el rey con alegre semblante miró a todos sus caballeros, y violos andar alborotados y con deseo de salir a la escaramuza, pretendiendo cada uno de ellos la empresa; y el rey como los vio así andar, mandó que se sosegasen, y preguntó si era justo salir a la escaramuza que el maestre pedía, y todos respondieron, que era cosa muy justa salir, porque haciendo lo contrario, serían reputados por caballeros de poco valor y muy cobardes, y sobre ello hubo muchos pareceres, sobre quién saldría a la escaramuza, o cuántos; y fue acordado que no fuese aquel día más de uno a uno a la escaramuza, que después saldrían más; y sobre quién había de salir hubo muchas y grandes diferencias entre todos, de modo que fue necesario que entrasen en suerte doce caballeros, y que del que saliese primero de una vasija de plata su nombre escrito, que aquel saliese.

Así acordado, los que fueron escritos para las suertes, fueron los caballeros siguientes: Mahomad Abencerraje, el valiente Muza, Malique Alabez, Mahomad Maza, Mahomad Almoradí, Albayaldos, Venegas Mahomet, Abenámar, Mahomad Gomel, Almadán, Mahomad Zegrí, el valiente Gazul.

Todos estos caballeros fueron señalados, y escritos sus nombres y echados en una vasija, los revolvieron muy bien, y la reina sacó la suerte, y leída decía Muza.

La alegría que sintió fue grande, y los demás caballeros envidia, porque cada uno de ellos se holgara en extremo ser el de la suerte, por probar el valor y esfuerzo del maestre.

Y aunque después de esto entre todos los caballeros fue conferido y debatido que mejor fuera salir cuatro a cuatro, o seis a seis, no se pudo aceptar con Muza; y así luego se escribió al maestre una carta, y dándosela al escudero en respuesta de la que había traído, le enviaron; y llegando a la presencia del maestre, le dio la carta del rey Chico, que decía así.

«Valeroso maestre, muy bien se muestra en tu virtud la nobleza de tu sangre, y no menos que de tu bondad pudiera salir el parabién de mi elección y real corona, lo cual me ha puesto en obligación de acudir a todo lo que a la amistad de un verdadero amigo se debe tener; y así me obligo a todo aquello que de mí y de mi reino hubieres menester. Con muy comedidas razones envías a pedir a mis caballeros escaramuza en la Vega, por alegrar mi fiesta, lo cual agradezco grandemente. Entre los principales caballeros de esta corte se echaron suertes por quitar diferencias, a causa de que cada uno quisiera verse contigo; cayole la suerte a mi hermano Muza: mañana se verá contigo debajo de tu palabra, que de ninguno de los tuyos será ofendido. Conocido tengo, que será muy de ver la escaramuza por ser entre dos tan buenos caballeros. Queda aquí para lo que cumpliere—Audalá, rey de Granada