Vuelto el rey a Granada, no se trataba otra cosa sino de la escaramuza, y de la amistad que de ella procedió, y de la virtud, bondad y valor del maestre; y con razón, porque era adornado de todo, y por él se dijo aquel romance, que dice:
¡Ay Dios, qué buen caballero
es el maestre de Caltrava,
y cuán bien corre los moros
por la vega de Granada!
Desde la fuente del Pino
hasta la Sierra Nevada,
y en esas puertas de Elvira,
mete el puñal, y la lanza;
las puertas eran de hierro,