de parte a parte las pasa.
Siendo fenecida la batalla del maestre y de Muza, desamparando la Vega el maestre se fue con las presas que habían hecho él y su gente.
Volvamos ahora a lo que pasó en Granada, después que el rey entró en ella y sanó Muza de las heridas, que pasó más de un mes.
CAPÍTULO V.
Que trata de un sarao que se hizo en palacio entre las damas de la reina y los caballeros de la corte, sobre el cual hubo pesadas palabras entre Muza y Zulema Abencerraje, y de lo que pasó.
Grande fue la reputación que cobró Muza de valiente caballero, pues no quedó del maestre vencido, como lo habían sido otros valientes caballeros, a quien había vencido y muerto por sus manos.
Entró Muza en Granada al lado del rey su hermano, acompañado de todos los caballeros más principales de la ciudad. Entraron por la puerta Elvira, y por las calles donde pasaban, todas las damas le salían a mirar, y otras muchas gentes ocupaban las ventanas, que era cosa de ver.
De esta suerte fueron hasta la Alhambra, donde fue Muza curado por un gran maestro, y estuvo casi un mes en sanar: después de sano fue a besar las manos al rey, el cual tuvo con su vista mucho contento, y asimismo todos los demás caballeros y damas de la corte; y quien más con su vista se alegró, fue la hermosa Fátima, porque le amaba mucho, aunque él no la pagaba su amor.
La reina le hizo sentar junto a sí, y le preguntó cómo se sentía y qué le había parecido el esfuerzo del maestre. Muza le respondió:
—Señora, el valor del maestre es en demasía muy grande, y me hizo merced que la batalla no pasase adelante, por excusar el daño notable que estaba de mi parte, que era manifiesto; y juro por Mahoma que en lo que yo pudiere le tengo de servir.