"Ya falta poco pa que te vea, niña del alma..."

— ¡Es Janu! — dijo en voz baja, saltándole el corazón dentro del pecho como un pájaro espantado, y escondió la cabeza entre las sábanas.

Al día siguiente, cuando abrió la ventana, vió a Janu con su traje nuevo de fustán, en cuyos bolsillos quería meter a la fuerza sus manazas morenas y encallecidas en el trabajo, asomando coquetonamente de la escarcela del farseto un flamante pañuelo de seda; Janu estaba tomando el sol de abril, apoyado en la tapia del huerto.

— ¡Janu! — dijo ella como si nada supiese.

— ¡Se te saluda! — exclamó el mozo con su mejor sonrisa.

— ¿Qué haces ahí?

— Vengo de la Plana.

La muchacha sonrió y miró a las alondras que saltaban aún por el verde en la temprana hora matinal.

— Has vuelto con las alondras.

— Las alondras van adonde encuentran mijo, y yo, adonde hay pan.