Jeli, por el contrario, había andado durante toda la noche para que los potros llegasen frescos a la feria y cogiesen un buen sitio al llegar, y al pisar el Llano del Cuervo, aún no se habían puesto los tres reyes que brillaban sobre el monte Arturo con los brazos en cruz. Por el camino pasaban de continuo carros y gentes a caballo que iban a la fiesta; por eso el mozo tenía los ojos bien abiertos, para que los potros no se espantaran con el insólito trajín y fueran todos juntos a lo largo de la cuneta, tras de la "Blanca", que caminaba derecha y tranquila con su cencerro al cuello. De cuando en cuando, como el camino corría por lo alto del monte, se oía allá abajo la campana de San Juan, que hasta el obscuro silencio del campo llegaba la fiesta, y por todo el camino, a los lejos, lleno de gente a pie o a caballo que iba a Vizzini, se oía gritar: "¡Viva San Juan!", y los cohetes ascendían derechos y relucientes tras los montes de la Canzinia, como las estrellas que llueven en agosto.

— ¡Es como la Nochebuena! — íbale diciendo Jeli al muchacho que le ayudaba a conducir la piara —, que en todas las haciendas se hace fiesta y luminaria y por todo el campo se ven hogueras.

El muchacho dormitaba, arrastrando muy despacio una pierna tras otra, y no respondía nada. Pero Jeli, a quien aquella campana le hacía hervir la sangre, no podía estar callado, como si aquellos cohetes que rasgaban la obscuridad, callados y relucientes tras el monte, le salieran a él del alma.

— Mara habrá ido también a la fiesta de San Juan — decía —, porque va todos los años.

Y sin preocuparse de que Alfio, el muchacho, no respondía nada:

— ¡No sabes! Ahora Mara es así de alta, que está más crecida que la madre que la ha parido, y cuando la volví a ver no me pareció la misma con quien iba a coger higos chumbos y a varear las nueces.

Y se dió a cantar en alta voz cuantas canciones sabía.

— ¡Alfio! ¿Te duermes? — le gritó cuando hubo concluído —. ¡Mira que la "Blanca" va siempre tras de ti!

— ¡No, no me duermo! — respondió Alfio con voz ronca.

— ¿Ves cómo nos mira el lucero allí, sobre Granvilla, como si disparasen cohetes también en Santa Dominica? Ya poco falta para que rompa el alba; pero llegaremos a la feria a tiempo de encontrar un buen sitio. ¡Ya verás, "Morito", cómo tendrás cabezada nueva, con tus jaeces colorados para la feria! ¡Y tú también, "Estrellado"!