— Ni a ti ni a tu Dios tengo miedo!

— ¡Ya sabemos que tu madre era de Licodia! ¡Tienes sangre de pelea! ¡Uy, te comería con los ojos!

— Cómeme con los ojos, si quieres, que no me harás migas; pero mientras, carga con este haz.

— ¡Por ti cargaría yo con la casa entera!

Ella, por no ponerse colorada, le tiró un leño que tenía a mano, y no le dió por milagro.

— Vamos, despacha, que la charla no gavilla sarmientos.

— Si fuera rico, Santa, buscaría una mujer como tú.

— Yo no me casaré con un rey, como la Lola; pero tengo mi dote para cuando el Señor me mande novio.

— ¡Ya sabemos que eres rica, ya lo sabemos!

— Pues si lo sabes, despacha, que está para llegar mi padre y no quiero yo que me encuentre en el corral.