Por el contrario, "Malpelo" dejó sus huesos en la mina, lo mismo que su padre, pero de diferente manera. Cierta vez había que explorar un paso de comunicación con el pozo grande de la izquierda, hacía el valle, y si la cosa resultaba bien, se economizaba la mitad de la mano de obra en la excavación de arena. Pero, de todas suertes, había el peligro de perderse y no volver nunca más. Así pues, ningún padre de familia quería aventurarse, ni habría consentido que se arriesgase a ello ninguno de su sangre por todo el oro del mundo.
"Malpelo" no tenía ni siquiera quien cobrarse todo el oro del mundo por su pellejo, aunque su pellejo hubiese valido tanto; así que pensaron en él. Al echar a andar se acordó del minero perdido años y años, y que aun camina en la obscuridad clamando socorro sin que nadie pueda oírlo. Pero no dijo nada. ¿De qué le habría servido? Cogió las herramientas de su padre, el pico, la zapa, la linterna, el saco del pan, la botella del vino, y se marchó; nunca más se volvió a saber nada de él.
Así se perdieron incluso los huesos de "Malpelo", y los chicos de la mina bajan la voz cuando hablan de él en el subterráneo: que tienen miedo de verle aparecer ante ellos con su pelo rojo y sus ojillos grises.
LA QUERIDA DEL "ABROJO"
(L' amante di Gramigna.)
A Salvador Farina.
Querido Farina: He aquí no un cuento, sino un esbozo de cuento. Al menos tendrá el mérito de ser brevísimo e histórico — un documento humano, como ahora se dice —, que tal vez te interese a ti y a todos los que estudian en el gran libro del corazón. Te lo referiré tal como lo he recogido por los senderos campesinos, con las mismas sencillas y pintorescas palabras sobre poco más o menos de la referencia popular, y tú preferirás ciertamente encontrarte frente a frente con el hecho desnudo y escueto, sin buscarlo entre líneas del libro, a través de la lente del escritor. El simple hecho humano hará pensar siempre; tendrá siempre esa realidad de lo sucedido, de las lágrimas verdaderas, de las calenturas y sensaciones que han tomado carne. El misterioso proceso en que se acuerdan, se entrelazan, maduran y se desenvuelven las pasiones en su camino subterráneo, en su ir y venir, que parecen a veces contradictorios, constituirá por mucho tiempo aún el poderoso atractivo del fenómeno psicológico que forma el argumento de un cuento, y que el moderno análisis se esfuerza en estudiar con científico escrúpulo. De lo que hoy te refiero te diré únicamente el punto de partida y el punto de llegada; a ti te bastará, y espero que algún día baste para todo el mundo.
Nosotros rehacemos el proceso artístico a que debemos tantos momentos gloriosos, con diferente método más minucioso y más íntimo. Sacrificamos de grado el efecto de la catástrofe, al desarrollo lógico, necesario, de las pasiones y los hechos a la catástrofe, menos imprevista de esta suerte, tal vez menos dramática, más no menos fatal. Somos más modestos, si no más humildes; pero la exposición de este enlace obscuro entre causas y efectos no será ciertamente menos útil al arte del porvenir. ¿Se llegará nunca a tal perfeccionamiento en el estudio de las pasiones que sea inútil proseguir el estudio del hombre interior? La ciencia del corazón humano, que será fruto del arte nuevo, desarrollará de tal modo y tan generalmente todas las virtudes de la imaginación, que en el porvenir las únicas novelas que se escriban sean simples sucesos?
Cuando la afinidad y cohesión entre cada parte de la novela sea tan completa que el proceso de su creación quede en el misterio, como el desenvolvimiento de las pasiones humanas, y la armonía de sus formas tan perfecta, tan evidente la sinceridad de sus realidad, su modo y razón de existir tan necesarios, que la mano del artista quede absolutamente invisible, entonces tendrá el sello del suceso real, la obra de arte parecerá que se han creado por sí misma, haber madurado y surgido espontáneamente, como un hecho natural, sin conservar ningún punto de contacto con sus actos, sin mancha alguna del pecado original.