Un ciudadano suizo, del canton de Zurich, avecindado en el de Schwitz, el mas antiguo de la Helvecia, fabricó cuarenta monedas falsas, de veinte centimos cada una de valor, lo cual, reducido á nuestro modo de contar, forma la insignificante suma de treinta reales. Descubierto su crímen y reducido á prision, ha sido condenado á «cinco dias de ayuno en la prision, extrañamiento del canton por diez años y cuarenta palos.» Este es el tenor testual de la sentencia. Como esta he tenido ocasion de leer otras de diferentes cantones. Como documento original, he creido conveniente apuntarle en mi libro.
Esta sentencia, con otras muchas de este género, que con frecuencia se pronuncian en Suiza, da muy mala idea de la cultura del pueblo en general. A pesar de esto, el estado del pais es floreciente, y la estadística criminal mas reducida que en ninguna otra parte de Europa. ¿Puede esto explicarse? difícilmente: este es uno de los muchos fenóménos que la vida de los pueblos ofrece en su conjunto, y que escapan al análisis.
Las universidades de Suiza son tres: Basilea, Zurich y Berna: el año 1855, asistieron á ellas 166 estudiantes de medicina, 350 de teología, 400 de derecho y 500 de filosofía.
Publícanse en Suiza 225 periódicos en las tres lenguas del pais, alemana, italiana y francesa; hay diferentes bibliotecas, sociedades literarias y academias.
Ginebra, segun he apuntado ya, es la primera ciudad de la Confederacion Helvética, considerada como centro de las ilustraciones literarias del pais, como residencia de los hombres políticos mas avanzados. Tan luego como se concluyan las líneas férreas que han de reunir Ginebra á Lyon y Berna, la patria de madame Stael, importante ya bajo todos aspectos, acrecerá prodigiosamente en significacion.
El carácter pacífico de los suizos, rasgo peculiar de las razas germánicas, que tan gobernables las hace, en ninguna ocasion le he estudiado mejor que en las reuniones del pueblo todos los domingos.
En los hoteles de segundo y tercer órden, reúnense habitualmente crecido número de familias, con mujeres, hijos y esposos. Se sientan pacíficamente al lado de una mesa, beben su indispensable cerveza, hablan, rien, cantan en coro, pero jamas disputan. Importa muy poco que la cerveza, con su accion inflamable, pueda calentar el cerebro, importa muy poco que en una misma pieza, y en diferentes mesas, haya á veces reunidas trescientas personas que fuman, cantan y beben, no importa, ninguna botella se rompe, ninguna silla se estropea, nadie disputa, todos se retiran habitual y tranquilamente á sus casas para volverse á reunir el próximo domingo.
Aplíquese esta costumbre á nuestra raza latina, ora sea francesa, italiana ó española; á la media hora de estar reunidos se han roto la cabeza algunos de los convidados, y cada vez que se encuentren juntos bebiendo habrá disputas. Esta diferencia característica, aplicándola en sentido mas alto é importante, explica en algun modo la facilidad con que se gobiernan las razas germánicas y la causa de los trastornos casi continuos de los pueblos latinos.
El año de 1855, segun datos oficiales, se celebraron en Suiza 16,270 matrimonios: el número de niños nacidos en dicho año fué de 363,40, y el de niñas el de 33,660, lo que forma un total de 70,000 nacidos. Sabido es, y en otro lugar lo decimos, que la poblacion total de la antigua Helvecia no llega á tres millones. Las defunciones acaecidas en el mismo año de 1855 fueron en número de 55,500 personas. Los matrimonios pueden calcularse á razon de uno por cada 147 habitantes, un nacido por cada 34, y una defunción por cada 43 personas. El sexo masculino, contra lo que generalmente sucede en otros climas, vive en Suiza ménos que el femenino; tampoco hay muchos ejemplos de longevidad en ningun sexo.
Con respecto á su industria, de la que en otro lugar nos ocupamos, tenemos que añadir datos muy preciosos sobre el comercio que ha hecho en 1856 con los Estados-Unidos de América.