Contrastes como los que he visto en Lóndres, no los ofrece pueblo alguno del mundo. El domingo, dia de silencio y de recojimiento, en el que todo está cerrado, en el que no hay espectáculos, en el que á nada puede jugarse en los cafés, ese dia he visto en los jardines de Cremorne-Gardens la procacidad la mas descarada: en ese mismo sitio de recreo no habia música ni habia baile porque era domingo, pero no es ménos cierto, que á pesar de la religiosidad oficial, las mujeres públicas paseaban á centenares, ofendiendo escandalosamente la moral pública. En Lóndres, el domingo, es preciso comer pan de la víspera porque no puede cocerse en semejante dia.
Durante mi permanencia en Lóndres en julio de 1855 tuvo lugar la famosa escena de Hyde-Park, nueva en su género. La policía disolvió los grupos repartiendo muchos golpes y haciendo prisiones: el pueblo por su parte, se contentó con silbar á los policemen y resistir un poco. El bill que se habia presentado al parlamento, prohibiendo las bebidas al pueblo en el dia del domingo, único de la semana en que descansa, y en el cual tiene cerradas las bibliotecas y el mismo palacio de cristal, donde pudiera aprender algo, el bill que negaba al pueblo lo que la aristocracia se concede profusamente[16], ese bill digo, que produjo las reuniones del pueblo en el parque[17], las escenas con la policía, y el miedo de los nobles, fué retirado ántes de discutirse.
La nobleza de Inglaterra, que tiene el escandaloso monopolio de la riqueza, del poder, el bienestar y las regalias todas, empezó en ese dia á conocer que su reinado puede terminar. La organizacion social del pueblo ingles, su vida práctica que he visto, las mil y mil barrerás que le separan de la aristocracia, esas desigualdades insultantes que allí se ven, esos privilegios-leyes que destruyen la igualdad social, atacan la dignidad humana y adulan el orgullo de unos cuantos, todo ese viejo edificio ingles, casi feudal, á pesar de todos los discursos que se hacen por todo el mundo, diciendo que la Inglaterra marcha á la cabeza de la civilizacion, puede caer un dia en astillas, á impulsos del hacha revolucionaria, á impulsos de un movimiento, quizá mas próximo é inevitable que lo que casi todos creen.
El que quiera hablar de la orgullosa Albion, que se venga á Lóndres á visitar las clases, á ver la vida, á escuchar la respiracion social.
He tenido la satisfaccion de ver confirmadas las opiniones que por escrito habia yo formulado ántes de viajar por Inglaterra. La libertad en Inglaterra es como todo lo que allí existe, nueva, sui generis: hay mil fenóménos y contradicciones casi indescifrables; pero por encima de todo, dominando todos los ruidos, sirviendo de punto culminante y resolviendo todo, la Inglaterra para tratar los asuntos de fuera es comercial, negociante, inglesa, ni conoce paises, lenguas ni religiones, suma, resta, y multiplica. Dentro, en su casa, es despótica para con el débil, el ignorante y el pobre … y yo quiero la libertad general, que empieze por comprender al pobre, al ignorante y al débil: dentro es aristocrática, orgullosa, tiene clases[18], y esa sola palabra insulta.
Por ventura la revolucion moral está próxima, y nada en verdad mas necesario, nada mas lógico, nada mas legal. La Inglaterra necesita aun reformas: el pueblo necesita un cambio radical, profundo; Cromwell ni supo ser ni fué nunca revolucionario; era un fanático de mas ambicion que talento, y ántes que amigo del pueblo lo fué de la hipocresía religiosa que le movia: y basta, vengamos á nuestro viaje.
El aspecto de las principales calles de Lóndres es magnífico: el movimiento de los miles de carruajes de todas especies que inundan la poblacion, el inmenso gentío que pulula siempre en todas direcciones y por todas partes; sus millares de tiendas, todo el conjunto de tanta vida comercial, ofrece algo de maravilloso é imponente.
Los miles de ómnibus, porque se cuentan por miles los que circulan por todas las calles, ofrecen algo de nuevo para el que guste de hacer observaciones, enfermedad que yo tengo en sumo grado; puede decirse con toda propiedad que los habitantes de Lóndres están viajando todo el año sin salir de la capital de Inglaterra: vense en todos los ómnibus señoras que entran y salen con sus pequeños sacos de noche, lo mismo que en las diferentes líneas de caminos de hierro que dentro de Lóndres hay, para ir de un barrio á otro.
Las distancias son enormes, colosales, esto se comprende fácilmente con solo hacer una observacion. La mayor parte de las casas de Lóndres, casi todas, están ocupadas por una sola familia; los habitantes ascienden á mas de dos millones y medio; figúrese pues el lector si la extension de la ciudad será grande.
El Támesis, que separa el Lóndres industrial del comercial y elegante, ofrece tambien un portentoso cuadro de animacion, con los colosales edificios que bordan sus riberas, con los elegantes puentes que le interrumpen, con el grande número de vapores que llenos de gente le cruzan á todas horas.