La catedral de Milan, soberbio y magnífico monumento que el cristianismo ha levantado, es una obra colosal que solo la fe de nuestros mayores pudo construir. Monumentos de la importancia de esta iglesia, traducen altos sentimientos de verdadero amor á las artes y de portentosa fe cristiana. Es un pensamiento muy generoso el de emprender una obra que no puede verse terminada por los mismos que la empiezan: hay patriotismo y abnegacion en acto semejante. Todas las catedrales góticas que cuenta la Europa, son otros tantos poemas que afirman la grandeza de los siglos que las levantaron.
La catedral de Milan, principiada en 1276, no está hoy mismo terminada: tan colosal es su plan. Napoleon hizo concluir la fachada principal en la cual hay diferentes gustos y arquitecturas. El conjunto del edificio, sorprendente y magnífico, produce una grata emocion en el ánimo: tiene la forma de una cruz, gallarda, esbelta, blanquísima, deslumbrante.
El espléndido ropaje gótico que viste, su prodigiosa decoracion de estatuas, sus atrevidas flechas, sus elegantes detalles, sus formas galanas, todo hiere la imaginacion, todo admira y seduce. Coronando el edificio, y sobre la aguja mas alta, se destaca impalpable y aérea la estatua de la Virgen, fundida en bronce, esbelta y admirable; su actitud atrevida revela un gran pensamiento, apénas tocan sus delicados piés el ligero pedestal que la sustenta; se lanza á los aires, toca apénas la tierra y esconde su cabeza en las nubes, es la corona del templo.
Lo que causa verdadera pena al ánimo, es el observar las mutilaciones horribles que los viajeros, en su mayor parte ingleses, han prácticado con un grande número de estatuas de las infinitas que coronan el templo. Es un verdadero sacrilegio maltratar las obras del genio y dejar atras á los bárbaros, que sin duda las respetarian. Nosotros desearíamos que se adoptasen medidas severas para impedir que los que visitan la Catedral tocasen á objeto alguno.
Es un prodigioso espectáculo el que ofrece al espectador que se coloca en lo alto del Domo, el poblado bosque de estatuas que coronan las gallardas agujas que suben hasta perderse en las nubes; su número parece fabuloso, pasan de seis mil las que existen.
La fachada principal se compone de cinco cuerpos elegantes, con sus soberbias puertas de entrada. Solo por el lado de la fachada principal se presenta el edificio en su majestuosa grandeza; los demas lienzos de su elegante construccion aparecen ocultos entre las apiñadas casas que le cercan, lo cual produce una verdadera pena, pues la Catedral merecia presentarse sola y despejada á la admiracion del viajero.
El interior del templo es tambien suntuoso é imponente: cinco naves inmensas cruzan la iglesia en toda su longitud, y otra nave lateral, tan grande por sí sola como una iglesia, forma una elegante cruz. Detras del altar mayor se abren tres grandes rosetas de ciento cuarenta y cuatro cristales cada una, pintadas con la mayor riqueza de colores imaginable.
El coro, unido al altar mayor, es magnífico: adornado con primorosos bajos relieves; debajo está la tumba de San Cárlos, que merece verse.
La mejor calle de Milan es la del Corso, especie de boulevard, aunque sin árboles y sin grande anchura; le adornan algunos palacios y buenos edificios, muchos y elegantes comercios, cafés, y hoteles (albergos).
Cerca de la catedral, á su izquierda, está el palacio imperial, donde habitó Napoleon: merece verse; encierra algunos buenos cuadros y hay una magnífica capilla, soberbios salones y objetos de arte.