La plaza de armas, donde está el arco de la Paz, es colosalmente grande: no dejó de chocarme en el acto que lo ví, el castillo y las fortificaciones vecinos del arco de la Pace: al pié del arco, que es magnífico, y sobre el cual se levantan ocho enormes caballos de bronce formando una alegoría dedicada á Napoleon, se tiende el camino del Simplon.
La plaza de San Fedelle, aunque pequeña, es muy linda, la adornan buenos edificios.
San Cárlos Borromeo, frente por frente del Hotel de la Ville es una iglesia nueva, de forma circular y elegante. Tocando con la iglesia hay un pasaje, único que ví en Milan.
La Bolsa tiene tambien su palacio correspondiente.
Los cafés son buenos, se sirven baratos y excelentes sorbetes. Hay muchos y buenos coches de alquiler; por las calles de Milan se va en carruaje con mucha comodidad, hay en todas las calles dos listones de baldosa por donde resbalan las ruedas, de modo que el movimiento es suavísimo, y la celeridad grande. En el Corso hay jardines públicos á imitacion de los de Mabille de Paris, pero no tan buenos.
El Museo de pinturas está en un gran palacio donde se halla la
Biblioteca, y donde habia exposicion de artes cuando le visité.
Es preciso dirijirse á la iglesia de Santa María de la Gracia, cubierta como está su bizarra arquitectura, con el color histórico del tiempo, y una vez en la iglesia y aun sin ir á Santa María es necesario ver á todo precio el famoso cuadro de Leonardo de Vinci, que representa la cena de Jesucristo con los Apóstoles: este magnífico cuadro que los frailes mutilaron bárbaramente, y los profanos al arte restauraron de un modo torpe, se encuentra en una habitacion del claustro de Santa María, que hoy sirve de cuartel: está pintado en la pared, y es una inspiracion sublime del célebre Vinci.
En Milan como en todas las poblaciones de Italia, existe un número grande de iglesias, algunas notables, sin incluir la catedral, que es un prodigio del arte.
En materia de comunicaciones tiene Milan caminos de hierro á Camerlata y Treviglio: este último, que es el de Venecia, estará muy pronto terminado completamente: hay diligencias para casi todas las ciudades de Italia: las carreteras, en general, son magníficas.
El célebre teatro de la Scala, donde oí á nuestro compatriota Echebarria en la ópera El Profeta, es majestuoso en el interior, sin llegar, como ninguno de los que he visto en todos mis viajes, á la grandeza de nuestro coliseo de Oriente. El exterior de la Scala es pobre y de muy mal gusto: tiene la apariencia de una casa particular, y una entrada reducida, de tan pésimo gusto como la del teatro de Oriente de Madrid por el lado de palacio, cuya forma es la misma.