La escena está muy bien servida en la Scala, no deja nada que desear; excelente y numerosa orquesta, mediana compañía.
No dejaré de consignar, ya que me acuerdo, que durante la representacion guardan sus sombreros todos los espectadores que hay de pié en el parterre y que se situan á derecha é izquierda entre la pared y las butacas: costumbre que no me pareció extremadamente galante.
Hay en Milan muchos y buenos coches públicos, regulares hoteles, gabinetes de lectura, teatros, paseos, buenos cafés y muchas mujeres hermosas.
Los austríacos, de quienes hablaré poco, porque me exalto al solo recuerdo, patrullan dia y noche por la ciudad, hacen sonar sus sables en la primera fila de butacas de la Scala, que les pertenece, impiden pensar y hablar, etc.
De Milan, me dirijí á la poética, desgraciada y heróica Venecia. Salí de Milan en línea de hierro hasta Treviglio, una hora de camino: allí tomé un ómnibus que me condujo en tres horas á Cucallo, y de allí á Venecia en camino de hierro, empleando nueve horas.
Las estaciones de las líneas férreas que arrancan de Milan, son pobres y están mal hechas: al subir á los carruajes es necesario enseñar el pasaporte que piden en el camino diez ó doce veces dentro de los mismos vagones, segun se va marchando.
Los alrededores de Milan son admirables: les he visto por tres líneas distintas, y por todas partes la campiña se ostenta lozana, y enriquecida con una vegetacion profusa. De Milan á Treviglio no se encuentra ningun pueblo de importancia: de Cucallo á Venecia, se encuentran las ciudades de Brescia, Verona, Vicenza y Padua: todas, excepto la última, á la izquierda yendo á Venecia desde Milan.
La primera que se encuentra es Brescia, ciudad de cuarenta mil habitantes, situada al pié y sobre una montaña: solo la ví de paso; tiene muy lindo aspecto, y muchas y elegantes torres. Entre Brescia y Verona, se presenta el lindísimo lago de Garda, de treinta millas de extension, el mayor de Italia, desde el cual por medio de excelentes vapores se hace el viaje á Trento, al Tirol y otros varios puntos.
Verona, ciudad importantísima, tiene sesenta mil habitantes, una agricultura floreciente, industria de sedas y otros ramos de riqueza pública, á la cual sacan los austríacos el 25 por ciento, segun tuve lugar de observar enterándome por medio de algunos contribuyentes. Verona como Brescia está situada tambien sobre una montañita, se presenta en forma de anfiteatro, tiene muchas y buenas iglesias entre las que descuella la catedral, edificios, paseos, un caudaloso rio con elegantes puentes, buenos hoteles y cafés.
La mejor calle de Verona es la Nueva; siguiendo hasta su fin se encuentra el palacio de Radetzky, al cual da entrada un patio sombrío. En la misma calle se ve el palacio donde en 1815 se reunió el congreso en que se conjuró contra la libertad española.