Se cruza por medio de él, y conducido por el vapor, el conjunto de lagunas que cercan la ciudad por el lado de Padua: como el puente no tiene mas anchura que la necesaria, y desde los vagones no se ve, el viajero se figura atravesar el mar con un ferrocarril que resbala por su superficie.
Yo, aunque la obra es notable, hubiera deseado que no la hicieran, pues con él han quitado á Venecia su fisonomía de flotante y poética, aislada como está entre las aguas que la cercan por todas partes.
Al apearme en Venecia, entré con los demas viajeros en la sala de equipajes, en la cual todo el mundo tiene obligacion de descubrirse; no por cortesía, sino porque están allí los austríacos, mas insolentes que en parte alguna. Antes de llegar y en el mismo camino de hierro, nos recogieron los pasaportes; al apearnos, nos preguntaron nuestros nombres, nos hicieron designar el hotel adonde nos dirigíamos, y los dias que pensábamos permanecer en su recinto. Nos registraron los equipajes, y despues tuvieron la bondad de dejarnos seguir á nuestros hoteles….
Una góndola me condujo desde el desembarcadero del camino de hierro, al hotel de la Luna, donde permanecí.
Era de noche, habia luna; para llegar á mi hotel, cruzamos muchas calles, es decir muchos canales: el movimiento, las luces del cielo, los recuerdos que se agolpaban á mi imaginacion del poderío antiguo de la república veneciana, los infinitos palacios de mármol que ví hasta llegar al hotel, el número de góndolas que se cruzaban, las palabras dulces que mi gondolero cambiaba con otro de su oficio cada vez que doblaba una esquina, para evitar un choque; las músicas que oí al pasar por enfrente de la soberbia plaza de San Márcos, todo este conjunto hiriéndome poderosamente la fantasía, hizo que oyera yo con disgusto la voz del gondolero, anunciándome que habíamos llegado al hotel.
Inmediatamente que me dieron un cuarto en el hotel y guardé mi equipaje, me lancé á la calle, y á los dos pasos, pues el hotel de la Luna está tocando, me encontré de improviso en la plaza de San Márcos.
Describir mi emocion no es posible; diré si puedo lo que ví, y lo diré como todo lo que va escrito, ayudado solo por los recuerdos, sin querer consultar un libro, mis recuerdos y mi cartera; allí apunto siempre mis impresiones.
La plaza de San Márcos, mas larga que ancha, tiene la sin rival basílica de San Márcos, formando la fachada principal: á la izquierda un palacio que ocupa todo el lienzo de las antiguas procuradurías; á la derecha el Palacio del Emperador, todo el lado, y da vuelta á la Piazzetta: y en frente de la basílica otro cuerpo majestuoso; hé aquí los cuatro frentes de la gran plaza.
A la izquierda de la iglesia, se levanta aislada una alta torre que llaman Campanella.
Arcos prodigiosos, de gusto, de arte, de belleza, de formas, dan vuelta á las tres fachadas de la plaza. Debajo de ellas se ofrecen entre un profuso alumbrado de gas centenares de elegantes tiendas y cafés.