El museo de escultura que existe en el Palacio Ducal de fenecía, depósito de tesoros artísticos, se halla en uno de sus bajos salones.
Aparte de la belleza artística del salon, de sus elegantes ornamentos, y de su lindísima techumbre, cuéntanse entre las muchas obras, modelo de escultura que le enriquecen, dos estatuas originales del rey de los escultores, de Fidias mismo.
La pureza de las formas, la suavidad de los contornos, la finura prodigiosa de las líneas, todo revela el cincel griego: Canova, digno rival de Fidias, ha enriquecido tambien este delicioso gabinete de escultura con obras brotadas de su mente: cuéntanse cinco ó seis bustos acabados de este maestro.
La escultura egipcia está tambien allí dignamente representada: Roma y Aténas han dado tambien su contingente. La antigüedad, presente allí bajo el prisma histórico, artístico, reprende en elocuente silencio la esterilidad de tantos siglos como se han hundido en el rio de las generaciones sin llegar á su altura.
El arte moderno, poderosamente inspirado, se afana noblemente por vengar con sus adelantos el atraso de los siglos pasados: allí está Canova, gloria de nuestros dias, allí está Sansovino, moderno tambien, que ha llenado á Venecia de prodigiosas estatuas: allí están Victoria y otros muchos: aconsejo á todos los viajeros que no salgan del Palacio Ducal sin visitar el museo.
El muelle de Venecia es verdaderamente pintoresco: cuando la ciudad tenia vida propia y era una respetada república que contaba con una valiente y poderosa armada, debia fascinar de encanto. A sus orillas están los artísticos lienzos del palacio que llaman del Emperador: la admirable fachada del Palacio Ducal que mira al Gran Canal; el lindo puente de la Paja; las prisiones, unidas, segun he apuntado ya, al Palacio Ducal por medio del Puente de los Suspiros; el Adriático; enfrente, las admirables iglesias de la Salud, la de San Jorge, el bello edificio de la Aduana, el canal de la Judea, rodeado de iglesias y palacios; infinidad de góndolas que á manera de coches de plaza aguardan, arrullándose dulcemente, al que primero se llega: las embarcaciones del comercio extranjero á la embocadura del Adriático: todo, todo es admirable.
¡Plegue á Dios que la dominacion austríaca concluya pronto y para siempre! Plegue á Dios que los italianos sacudan ese espíritu de provincialismo que ha hecho imposible su unidad nacional, matando su independencia! ¡Plegué á Dios que yo vuelva á Venecia, la encantadora, pero sin ver á los austríacos!
Me acuerdo en este instante del nombre del general que mandaba en Venecia cuando estuve; llámase Gorgoski, de nacion polaco, y á propósito me ocurre una reflexion.
El emperador de Austria, que tiene súbditos de tan diferentes paises, lenguas y costumbres, sigue la táctica de mandar á Italia guarnicion de húngaros, á Hungría italianos y tudescos, y así en las demas provincias de su imperio. Oprime con los oprimidos … ¿Porqué no se ponen de acuerdo los húngaros de Italia, y los italianos de Hungría, para dar la libertad y la independencia á sus respectivos paises? ¿porqué sirven de instrumento á la tiranía del mismo que á unos y otros ha sometido y esclavizado? ¿Porqué?… triste es decirlo, pero figúrome no equivocarme si encuentro la respuesta con solo consultar el corazon humano.
Somos propensos á oprimir, amamos la libertad y nos place dominar: ese mismo húngaro, ese mismo italiano que han combatido con denuedo, cada uno en su casa, para sacudir el yugo y conquistar la independencia, se prestan fácilmente á tiranizar en el extranjero, sirven de guardia pretoriana al que con gloria combatieron, y se vejan y esclavizan entre sí, con grande contentamiento del que los impera….