¡Miseria humana! ¡adelante y basta! me olvido de mis viajes y de todo en recordando á los austríacos.
Hay en Venecia muchas y maravillosas iglesias: la de San Nicolas, próxima al Campo de Marte, junto al embarcadero del camino de hierro, es uno de los templos mas antiguos de la ciudad; su color histórico, si se me permite la expresion, hace su fachada interesante. Es pequeña, pero muy linda, es la parroquia de los pescadores, primitivos fundadores de Venecia.
San Sebastian, situada tambien junto al Campo de Marte, tiene un aspecto muy gallardo, corona el edificio una elegante cúpula, y á los lados de esta, se levantan pomposamente dos esbeltas torres. La Salud, templo erigido por los venecianos al terminarse una peste que diezmó la ciudad, se ostenta magnífico enfrente de la Piazzetta de San Márcos, tocando con la Aduana: consta de cinco fachadas elegantes, adornadas cada una con graciosas columnas que coronan los órdenes jónico y corintio confundidos, con muchas y admirables estatuas.
Es increible el número de estas que hay en Venecia: cada iglesia es un museo propiamente dicho, cuadros y estatuas, pero nada vulgar, todo obras del genio, por todas partes están Tintoreto, Verones, el Ticiano, por todas partes se encuentran Canova, Sansovino.
La iglesia de la Salud, cuajada de estatuas, tiene su torre, su cúpula, sus cinco fachadas; el interior, con monumentos y adornos de arte exquisitos.
La iglesia de San Juan y San Pablo, en el Campo del mismo nombre, admirable; estilos gótico y bizantino: á la puerta del templo hay un monumento de mármol dedicado á un general: la iglesia consta de tres naves, la enriquecen estatuas de Canova y Vitoria, cuadros de Pablo Verones, Ticiano y Tintoreto: el pavimento es de mármol; hay diferentes tumbas de duxes; entre ellos está la de Steno, miembro que fué del Consejo de los Diez, y uno de los que condenaron á muerte á Faliero; hay tres estatuas de bronce debidas al cincel de Sansovino, un cuadro de José, el Españoleto. En una capilla magnífica de la misma iglesia, está el portentoso cuadro de la Crucifixion, por Tintoreto: la batalla de Lepanto, por el mismo. En esta capilla está el altar del Rosario, erigido inmediatamente despues de la célebre batalla naval de Lepanto; está rodeado de cuadros y estatuas maravillosas, las paredes que rodean el altar están elegantemente vestidas de bajos relieves admirables, con estatuas de Torreti, maestro que fué de Canova: las tres naves del templo son altísimas.
Tocando con la iglesia se halla el Hospital civil, con fachada de mármol y cedro.
La iglesia de los Jesuitas, del otro lado del Gran Canal, con fachadas ricas de estatuas de mármol que apoyan columnas corintias: el pavimento del interior, mármol; la techumbre de frescos. Entrando, el primer altar de la izquierda, un cuadro inimitable del gran Ticiano; representa el martirio de San Lorenzo, obra maestra, como todo lo que brotó de su inspirada paleta. Las paredes de la iglesia, mosáico; el púlpito, esculpido en mármol griego, de forma gallarda, de ejecucion asombrosa: próximo al altar mayor, á la izquierda, un divino lienzo del Tintoreto representa el Paraíso: el presbiterio tiene un pavimento de mármol incrustado, tan maestramente hecho que es necesario, indispensable, tocarlo con las propias manos para persuadirse de que no es una alfombra. El tabernáculo es de lapiz lazuli; por todos lados hay estatuas de Sansovino; la pila de agua bendita es de mármol de Egipto.
¿No es verdad que parece mentira tanto arte, tanto genio reunido? ¿No son museos, y museos admirables, las iglesias de Venecia? ¿No es ciertamente notable que en una sola iglesia haya todo lo que brevemente he apuntado?
¡Ah! nada como Venecia, su impresion me durará siempre, el arte
está allí en todas partes, ¡y qué arte! ¡qué arte!