A la entrada del Gran Canal, las iglesias de San Simeon y Cármen
Descalzo: ámbas de mármol, en su mayor parte, sabor monumental,
primorosos adornos, fisonomía artística.

El templo de San Eustaquio, próximo al elegantísimo palacio de
Pésaro, en el Gran Canal, admirable tambien.

Visité por de contado, al dia siguiente de llegar á Venecia, las célebres é históricas casas que habitaron Canova, Ticiano, y el Petrarca. Ví tambien en el Palacio Ducal el cuarto en que estuvo preso el immortal Silvio Pellico.

La casa que habitó Canova tiene una inscripcion sobre la puerta
que lo indica; está en una plazuelita que se llama de
San Márcos.

La del Ticiano es de pobre aspecto, cuatro ventanas y un
jardinito: hállase situada en una callejuela sin salida, próximo
á la calle del Aguardiente.

Venecia tiene 150 canales, que son sus calles; están cruzados por 340 puentes, entre los cuales descuella el de Rialto[22] á la salida del Gran Canal.

Todas las calles de Venecia, sin exceptuar una, están embaldosadas, de modo que se marcha con la mayor comodidad: abundan los comercios y tiendas elegantes; el número de ellos que cuenta la ciudad, segun observé en una estadística que busqué en Venecia, es el de 5,200.

Hay, segun los datos de la municipalidad, 20,000 casas, y 160,000 habitantes.

En materia de teatros públicos solo ví tres, y no creo que haya mas: el de Fenice, que es el principal y muy bueno; el de Apolo, y el de la Malibran: no habia compañía de ópera cuando yo estuve.

En cambio se oyen músicas todas las noches en la bellísima plaza de San Márcos: de los muchos cafés que allí se encuentran, y de los cuales el de Florian es el mejor, sacan mesas y sillas á la plaza, que toda está perfectamente embaldosada. Allí acude mucha gente, y los delicados sorbetes que se sirven se toman agradablemente oyendo diferentes cuadrillas de músicos y cantantes que se suceden en el órden de sus conciertos al aire libre. Por lo regular, mejor dicho de seguro, cada grupo de músicos tiene por postulante una encantadora veneciana, de ojos negros y perfecta hermosura. Inútil es añadir que recoje bastantes esbancigas, moneda austríaca que allí circula, del valor de una lira italiana.