No tengo mas apuntes que consultar: escrito queda cuanto mi memoria recuerda haber visto; salí de la ciudad para regresar á Milan, con la cabeza y el corazon henchidos de recuerdos que conservaré toda mi vida, con fervientes deseos de volver un dia, con ardientes plegarias por la emancipacion de la ciudad querida.

Con lo que yo ví, hay asunto para un volúmen; yo me he limitado á trazar en compendio, y segun el órden de mis apuntes, todo lo que queda apuntado.

Saludemos nuevamente á Venecia y emprendamos el camino de
Turin.

Pero ántes de salir de Venecia, tengo que apuntar una cosa que
habia olvidado.

El mismo dia que llegué á Venecia, chocóme, y lo pregunté, porqué las airosas góndolas que recorren las calles están vestidas de luto, con bayetas negras.

Yo, con mi carácter exaltado, supuse, ántes de preguntarlo, que seria una manifestacion de luto nacional por la pérdida de la independencia; halagué esta idea, y temí que no fuera cierto mi pensamiento, y en verdad no lo era.

Un veneciano que tenia pretensiones de erudito, me contó con
aire melodramático la historia de Faliero y su trágica muerte,
haciendo partir de este acontecimiento la costumbre de tener
enlutadas las góndolas.

Esta explicacion no me satisfizo, porque bien se deja entender que aparte de que fué justa y ejemplar la sentencia de Marino, el senado y el dux no hubieran tolerado una manifestacion tan contraria á sus soberanos decretos.

Nada repuse á mi compañero, callé y tan luego como supe donde estaba la Biblioteca, hice lo que siempre que tengo una duda, busco inmediatamente el medio de resolverla.

En mi calidad de extranjero, nada tenia de extraña mi pregunta: me dirijí al que me pareció ser director del Establecimiento, y con extrema cortesía satisfizo mi curiosidad.