El camino de hierro que une Turin con Novara está muy bien acabado; sus terraplenes y nivelaciones, acertadamente concluidos, prestan al movimiento de los carruajes una facilidad suma.
Ninguna poblacion notable se encuentra en todo el trayecto: la campiña es deliciosa y alegre, está bien cultivada: las estaciones todas muy animadas, el servicio está bien atendido.
A media legua de Turin hicimos alto: todos los viajeros y equipajes se trasladaron á los ómnibus que aguardaban, media hora despues entramos en Turin.
El camino de hierro no estaba completamente terminado mas que hasta el sitio indicado. Hoy llega á Turin.
#TURIN.#
La capital del Piamonte, que yo habia soñado bellísima, es una ciudad muy linda, no puede negarse, pero extremadamente monótona é insustancial.
Todas sus calles están cortadas por el mismo patron; fastidia y cansa una igualdad tan estudiada: sus arcadas magníficas, que prudentemente repartidas hubieran dado fisonomía á la ciudad, hermoseándola, encierran la vista en círculo tan limitado y monótono que cansan hasta el disgusto.
Aunque la ciudad es pequeña abundan las colosales plazas: la mas bella para mí es la de Victorio Emmanuel, al extremo de la ciudad.
Su extension es prodigiosa; hállase circuida por tres fachadas de indispensables arcos, elevados y espaciosos como todos. Ciérrase en forma de semicírculo por el lado de la larga calle que conduce en línea recta á la plaza del Palazzo Vecchio.
A los piés de la inmensa plaza se tiende el histórico Pó, con sus cristalinas y abundantes ondas. Desde el centro de la citada plaza se ofrece un cuadro muy pintoresco: el caudaloso rio, que salva un elegante puente de piedra de cinco arcos, al fin del cual, y dando frente, se levanta la iglesia de la Gran Madre di Dio, con su esbelta cupulita por corona, y un humilde peristilo con columnatas por frente: á derecha é izquierda y cerrando el horizonte, artísticas montañas, vestidas pomposamente de verdura.