Hay allí cinco ó seis estatuas de los infinitos dioses que el politeismo egipcio creó para halagar sucesivamente todas las pasiones, aun las mas torpes. Tambien se encuentran en esta coleccion cuatro ó cinco templos egipcios en miniatura; dan una exacta y cumplida idea de los verdaderos, porque contienen hasta el mas pequeño detalle.

En el último piso están las momias, perfectamente conservadas é intactas, despues de los siglos que cuentan.

Entre ellas hay una de un sacerdote egipcio de remota antigüedad: cuéntanse diez y seis ó diez y ocho admirablemente conservadas.

El gabinete de historia natural es tambien curioso: se compone de riquísimas colecciones de aves, cuadrúpedos, pájaros, etc., etc., en muy buen número.

Hay unos empleados muy amables, que, mediante cierto saludo
expresivo de manos, explican y enseñan todo.

Allí tambien, como en el nuestro de Madrid, se enseña muy bien
disecado y puesto el colosal esqueleto de un megaterio.

Los tres reinos mineral, animal y vegetal con sus diferentes
ramificaciones y familias, están dignamente representados con
ricas colecciones. El gabinete ocupa diferentes salones; los
objetos están muy bien clasificados.

El museo de pinturas, cerca del palacio que habita Victor Manuel, es pobremente pobre y apénas merece una hora de exámen: compónese en su mayor parte de copias, y los buenos maestros de las escuelas de Venecia, Florencia y Roma no aparecen por allí.

El aspecto general de Turin, es el de un pueblo que cuenta cuatro dias de existencia; todo es nuevo, todo es reciente, todo moderno.

En vano se pregunta el viajero donde están los edificios que en todas partes existen de las generaciones que fueron; inútil es querer buscar el Turin del dia anterior; no se le encuentra, porque no existe.