Su paso por allí es ya imposible; yo habia tomado billete desde Turin á Ginebra: llegado á Suse subí á la diligencia, tirada por catorce vigorosas mulas, y despues de subir constantemente nueve horas, llegamos á la cima del altísimo monte, coronado de nieve resplandeciente.

Eran las dos y media de la madrugada; en un hotel que allí existe tomamos café con leche, y seguimos nuestro camino, que desde allí es de descenso, y de descenso constante, no interrumpido un momento hasta llegar al mismo Ginebra.

El camino es soberbio, imponente, magnífico: los Alpes, esos portentosos montes que he tenido el sin igual placer de cruzar por diferentes sitios; esas altísimas montañas que el grande hijo de Cartago atravesó el primero, por uno de los milagros que abortó su genio, se ofrecieron de nuevo á mi admiracion al atravesar la Saboya.

Valles profundos henchidos de nieve, cascadas bulliciosas y brillantes, precipicios de inconmensurable grandeza, el pequeño San Bernardo, colinas seculares de perfiles y contornos pintorescos, una asombrosa carretera que los salva y cruza desde el lado de Suse, cerca de Turin, hasta las mismas calles de Ginebra, todos estos accidentes reunidos, hicieron de mi viaje un estudioso y agradable recreo, que me produjo una no interrumpida serie de emociones halagüeñas.

A media legua de Chambery, capital de la Saboya[27], empiezan á verse las magníficas y numerosas casas de campo que la aristocracia de Saboya y los ingleses y alemanes que viajan han levantado en su derredor. Es un delicioso sitio de recreo en los meses de verano, con la agradabilísima vecindad de los Alpes, el pintoresco Chamouny, el Monte Blanco, el hospicio de San Bernardo, y los Glaciers.

La capital de la Saboya tiene muy pocos encantos para el viajero: solo hay dos calles buenas: al fin de la principal, se levanta un monumento consagrado á un hombre verdaderamente grande y modesto: es una fuente de mármol, coronada por una estatua de bronce, busto del ilustre ciudadano de Chambery[28] que legó parte de sus inmensos bienes á los pobres; que levantó y fundó con bienes raices propios la casa de expósitos, que detras de su estatua se levanta, que creó y dotó una escuela de educacion gratuita para los pobres, y que hizo enfin otras muchas obras de relevante caridad, que granjeándole el amor de los que le conocieron, le ha asegurado la veneracion de los que viven y el respeto de los que vendrán.

Hay en Chambery dos buenos hoteles y otros muchos medianos, un teatrito, una catedral curiosa, algunos cafés, y una calle de tiendas elegantes.

Desde Chambery á Ginebra, se encuentran algunos pueblos importantes: la campiña está bien cultivada, en cuanto se puede, y es muy limpio y alegre el aspecto de los pueblos que salen al paso desde Chambery á Ginebra.

Llegué á esta última ciudad que ya he descrito al hablar de Suiza, y desde Ginebra á Berna, encontré mas comodidades que en ningun pueblo de Europa.

Hice la travesía en catorce horas, pasando por Yverdon y Neuchatel, viajando en vapor por lagos, en vapor por tierra, en diligencia y en ómnibus, todo en poco tiempo, y admirablemente bien.