Estamos en viaje y nos trasladamos á Portugal.

#PORTUGAL.#

Lisboa, capital del lusitano reino, tan celebrada por su belleza y grandiosidad, me produjo una impresion de desencanto; no satisfizo mis esperanzas.

Yo que habia escuchado entusiastas descripciones de Lisboa; que la imaginaba pomposamente gallarda, con el arrullo del Tajo á sus piés; que á juzgar por lo que de su belleza habia leido dibujaba en mi fantasía un cuadro de Paris, desperté con disgusto de mi sueño al aspecto de la ciudad, no obstante verla por su lado mas pintoresco, desde el mar, sobre el Tajo, á sus piés, y á la luz de un hermoso sol naciente.

El capítulo sobre Portugal será corto: solo conozco Lisboa, que he visitado dos veces.

A las cinco de la mañana de un dia clarísimo del mes de julio, entró en la rada de Lisboa el vapor que desde Inglaterra me condujo.

La ciudad, acostada todavía en el silencio, ofrecióse á mi vista por el prisma mas bello que tiene.

El célebre Tajo, que un eminente poeta portugues ha cantado con tan rica inspiracion, se tiende humilde y manso á los piés de Lisboa: á juzgar por su riqueza de caudales, imita al poderoso mar en majestad, pero sus tranquilas ondas cristalinas, sin soberbia ni estruendo, confiesan su naturaleza de rio, pero de gran rio. La ciudad, profusamente extendida, presenta un ancho lienzo de casas en forma de anfiteatro, por estar como están edificadas sobre colinas que avanzan hácia el puerto.

A la izquierda de Lisboa se distingue aunque confusamente el lindo sitio de Cintra; alcánzase tambien en lontananza el palacio de Belem y algunos otros edificios é iglesias.

La bahía es verdaderamente espaciosa y admirable: tranquilas y serenas las olas del Tajo, reflejan en sus cristales los edificios de la ciudad, que se ostenta sentada sobre promontorios, artísticamente cortados.