El interior de Lisboa ofrece poco que de notar sea: sus calles, con excepción de las modernas, bastantemente hermosas, están muy mal empedradas, contándose muchas, mas de la mitad, sin esta indispensable mejora, y en abandono completo.

Las casas, pobremente edificadas y de mezquina estatura, pues en general solo se componen de uno y dos pisos, entristecen la ciudad y la vista del viajero, que busca en vano la fisonomía de una capital de nacion. Hay un crecidísimo número de callejuelas estrechas y poco limpias, que no harian honor á una aldea: el aspecto general de todo Lisboa no es de seguro el de una ciudad que se esmera en la policía de las calles.

La desigualdad del terreno sobre que está sentada la capital lusitana, y el poco interes que se han tomado por su nivelacion posible, hacen que el que la visita y estudia se canse y fatigue al recorrer sus tortuosas calles, en cuesta la mayor parte.

El terremoto que en el pasado siglo arruinó en su mayor parte
Lisboa es causa de la absoluta carencia de monumentos y grandes
edificios que hoy se nota.

Lisboa cuenta sin embargo con algunas calles de moderna construccion, con buenas casas y elegantes comercios, animadas y de buen aspecto.

Entre sus plazas principales sobresale la del Comercio; elegante, espaciosa y gallarda: frentes de hermosas casas la embellecen y adornan: en el centro se levanta sobre un pedestal la estatua de Don José: esta plaza tiene muy buena situacion, pues á sus piés está el puerto, desde el cual se ven los infinitos molinos de viento que rodean toda la ciudad y que hubieran proporcionado muchas peleas á nuestro inmortal Don Quijote si por allí se hubiera dirijido, pues son muchísimos los que á guisa de centinelas hacen la guardia á la capital, agitando sus enormes brazos, que en el verano parecen querer servir de abanicos que refresquen la atmósfera.

Yo llegué á Lisboa en julio, y ciertamente no dejó de chocarme el aspecto de las mujeres del pueblo, envueltas en sus largas capas que las cubren de piés á cabeza…. Dijéronme que era un medio de preservarse del calor, y yo, por mas que hice, no pude comprender la utilidad de semejante preservativo contra el sol y el calor.

El uso del paraguas para preservarse del sol, que mas tarde lo ví en América, donde se entiende, existe tambien en Lisboa.

Otra plaza notable tambien es la de Don Pedro: uno de sus frentes le ocupa un teatro que estaban reparando cuando yo le ví. En el centro se levanta un elegante pedestal que debe sustentar una estatua: por lo visto los portugueses han tomado el gusto de las estatuas de Lóndres, donde abundan en gran cantidad: bueno es seguir las huellas de los que en Portugal son tan escuchados.

La obra verdaderamente notable de Lisboa es el acueducto: depósito inmenso que surte á toda la ciudad de aguas potables.