Las calles de Madera, en cuesta en su mayor parte, están á derecha é izquierda sembradas de jardines frescos y lucidos, que con sus flores embalsaman el purísimo y fresco aire que allí se respira.

La poblacion es pequeña y de corta importancia: hay dos ó tres hoteles, entre ellos uno ingles que está regularmente servido[34].

De Madera salimos para Santa Cruz de Tenerife empleando cuarenta y ocho horas.

Yo venia de recorrer paises extranjeros todos; hacía bastante tiempo que faltaba de España y tenia necesidad de hablar nuestra espléndida lengua y recordar á mi querida patria.

Mis deseos se frustraron en parte: llegamos á Santa Cruz á las ocho de la noche, y habiendo dicho el capitan que solo nos detendríamos el tiempo necesario para dejar y recojer la correspondencia, ningun viajero saltó á tierra. Yo me desquité, hablando, hasta que el buque marchó, con los españoles que vinieron á bordo en sus pequeñas lanchas cargadas de naranjas, manzanas, ciruelas y otros deliciosos frutos.

Entre las sombras de la noche, mi ávida mirada distinguia, aunque confusamente, la ciudad de Santa Cruz, que simbolizaba á mis ojos toda España, y saludándola con júbilo y emocion, la perdí de vista en el momento en que continuamos nuestro largo viaje.

De Santa Cruz de Tenerife á San Vicente, en el Cabo Verde, se emplean cuatro dias.

San Vicente, notable para mí, por ser el primer sitio del mundo donde ví lo que llaman esclavos, seres desgraciados tan dignos como el primer hombre libre, es un miserable lugar que cuenta solo una docena de casas: allí tiene la Empresa de los vapores depósito de carbon de piedra: esta es la causa de detenerse en semejante sitio, de otro modo nadie se pararia.

Grupos de africanos, hombres, mujeres, niños, todos desnudos casi completamente, componen la corta poblacion de San Vicente. El alma se duele y el corazon se comprime al aspecto de semejante sitio: el clima de allí, casi abrasador, como tocando con el Africa que está, hace imposible toda vegetacion: falta tierra, aire, vida, seres humanos, todo falta allí.

El número de esclavos africanos que allí habita, no tiene por alimento mas que el maiz, y no todos. No hay viajero que al desembarcar en San Vicente no se sienta mal á la vista de semejante cuadro: inmediatamente que nuestro vapor se proveyó del carbon necesario, dejamos las islas del Cabo Verde con general contentamiento.