Mañana... mañana... ¿Pero no habían transcurrido muchos años desde que salieron de Fonni? ¿Qué pensaría Zuanne al ver que su amigo no regresaba? Pensamientos confusos, extrañas imágenes pasaron por aquella cabecita; y entre todas las cosas resaltaba clarísima la imagen de su madre. ¿Dónde había marchado? ¿Tendría frío? Mañana la veré... Mañana... Si no le llevaban donde estaba su madre, se escaparía... Mañana...

Oyó al almazarero retirarse y discutir con su mujer. Aquel mal hombre gritaba:

—¡No quiero! ¡No quiero!

Después todo quedó en silencio. De pronto, alguien abrió la puerta, entró, andando de puntillas, se acercó á la cama y levantó con mucho cuidado el embozo. Un bigote áspero rozó ligeramente la mejilla de Anania, y él, que fingía dormir, entreabrió un poquitín un ojo y vió que el hombre del beso era su padre.

Poco después entró tía Tatana y se acostó en la cama junto á Anania, quien la oyó rezar durante largo rato entre susurros y suspiros.

NOTAS:

[12] Tablas.

[13]

Cuccu bellu agreste
Narami itte ora est.

[14]