75. De otra manera que Fernández de Avellaneda, habló Lope de Vega de Miguel de Cervantes Saavedra, cuando después de haber sido censurado, y aun después de la muerte de su censor, cantó y celebró así su gloriosa manquedad[107]:
En la batalla donde el Rayo austrino,
Hijo inmortal del águila famosa,
Al rey del Asia en la campaña undosa.
La fortuna envidiosa
Hirió la mano de Miguel Cervantes:
Pero su ingenio en versos de diamantes
Los del plomo volvió con tanta gloria,
Que por dulces, sonoros y elegantes,
Dieron eternidad á su memoria:
Por que se diga que una mano herida
Pudo dar á su dueño eterna vida.
76. También castigó Cervantes la codicia de su detractor, haciendo desprecio de sus amenazas, encomendando al lector este recado[108]: "Dile también, que de la amenaza que me hace, que me ha de quitar la ganancia con su libro, no se me da un ardite; que acomodándome al entremés famoso de la Perendenga, le respondo, que me viva el Veinticuatro mi señor, y Cristo con todos. Viva el gran conde de Lemos, cuya cristiandad y liberalidad bien conocida contra todos los golpes de mi corta fortuna, me tiene en pie: y vívame la suma caridad del ilustrísimo de Toledo, don Bernardo de Sandoval y Rojas. (Sospecho que porque Cervantes halló algún consuelo en la piedad de este prelado, dijo su detractor[109] que se había acogido á la Iglesia y sagrado.) Y siquiera no haya imprentas en el mundo; y siquiera se impriman contra mí más libros que tienen letras las coplas de Mingo Revulgo. Estos dos príncipes, sin que los solicite adulación mía, ni otro género de aplauso, por su sola bondad han tomado á su cargo el hacerme merced y favorecerme, en lo que me tengo por más dichoso y más rico que si la fortuna por camino ordinario me hubiera puesto en su cumbre. La honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso; la pobreza puede anublar á la nobleza, pero no escurecerla del todo; pero como la virtud dé alguna luz de sí, aunque sea por los inconvenientes y requisitos de la estrecheza, viene á ser estimada de los altos y nobles espíritus, y por el consiguiente favorecida. Y no le digas más."
77. Puede ser que alguno eche de menos la respuesta de Cervantes á lo que dijo el maldiciente satírico, que se hallaba tan falto de amigos, que si quisiese adornar sus libros con sonetos, no hallaría título quizás en España que no se ofendiera de que tomara su nombre en la boca. Á lo cual Cervantes no respondió palabra alguna, porque ya no tenía qué añadir á lo que había dicho en boca de aquel amigo suyo, introducido en su prólogo, como consejero del mismo Cervantes, satirizando las costumbres de los escritores de su tiempo, con tanta discreción como ésta[110]: "Lo primero en que reparáis de los sonetos, epigramas ó elogios, que os faltan para el principio, y que sean de personajes graves y de título, se puede remediar en que vos mismo toméis algún trabajo en hacerlos, y después los podéis bautizar y poner el nombre que quisiereis, ahijándolos al Preste Juan de las Indias ó al emperador de Trapisonda, de quienes yo sé que hay noticia que fueron famosos poetas; y cuando no lo hayan sido, y hubiere algunos pedantes y bachilleres que por detrás os muerdan y murmuren de esta verdad, no se os dé dos maravedís, porque ya que os averigüen la mentira, no os han de cortar la mano con que lo escribisteis." Había entonces en España la ridícula costumbre de prevenir el ánimo de los lectores con muchas alabanzas, la mayor parte de ellas fabricadas por sus mismos autores; como sucede hoy en los que dan muchas juntas literarias, que profesan la critica con poca seriedad, fiándose demasiadamente de juicios ajenos, tal vez ignorantes y tal apasionados. Reprendió Lope de Vega aquel abuso cuando dijo[111] que Apolo mandaba en un edicto varias cosas:
Y que no propusiesen alabanzas
En censuras fingidas,
Con falsas esperanzas
De que serán creídas,
No sin risa escuchadas,
En su soberbia y vanidad fundadas.
78. Satirizando Cervantes á estos tales, y satisfaciendo al mismo tiempo al deseo que tenía de ser alabado, puso al principio de su historia de Don Quijote algunas composiciones poéticas en nombre, no de grandes señores (porque en la república literaria no hay más grandes señores que los que saben), sino de Urganda la Desconocida al libro de Don Quijote de la Mancha; de Amadís de Gaula; de Don Belianís de Grecia; de Orlando el Furioso; del Caballero del Febo y de Solisdán á Don Quijote de la Mancha; de la señora Oriana á Dulcinea del Toboso; de Gandalín, escudero de Amadís de Gaula, á Sancho Panza, escudero de Don Quijote; del donoso poeta entreverado, á Sancho Panza y Rocinante, y últimamente un diálogo entre Babieca y Rocinante, queriendo decir con esto que su libro de Don Quijote de la Mancha era mejor que todos los libros de caballerías, pues Don Quijote de la Mancha hizo ventaja al célebre Amadís de Gaula, libro que, según la fama común y lo que dijo Cervantes[112], "fué el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen de este..... dogmatizador de una secta tan mala..... bien que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto".
79. También se aventajó Don Quijote al afamado Don Belianís de Grecia. "Pues ese—replicó el cura (Pero Pérez, estando haciendo el escrutinio con el barbero maese Nicolás)—, con la segunda, tercera y cuarta parte, tienen necesidad de un poco de ruibarbo, para purgar la demasiada cólera suya: y es menester quitarles todo aquello del castillo de la fama y otras impertinencias de más importancia."
80. Ni son comparables con las graciosas locuras de Don Quijote de la Mancha los desafueros de Orlando el Furioso, bien que de su autor dijo el cura[113], que si hablara en su idioma, le pondría sobre su cabeza.
81. No dijo otro tanto del Caballero del Febo, en cuyo nombre también hizo Cervantes un soneto. Imprimióse este libro con este título: "Espejo de príncipes y caballeros, en el cual en tres libros se cuentan los inmortales hechos del caballero Febo y de su hermano Rosicler, hijos del grande emperador Trebacio, con las altas caballerías y muy extraños amores de la muy hermosa y extremada princesa Claridiana, y de otros altos príncipes y caballeros, por Diego Ortúñez de Calahorra, de la ciudad de Nájera". Salió el Espejo de príncipes en dos tomos en folio, que contienen la primera y segunda parte, en Zaragoza, año 1581, su autor Pedro la Sierra. Después Marco Martínez de Alcalá continuó dichas fábulas con este título: Tercera parte del Espejo de príncipes y caballeros, hechos de las hijas y nietos del emperador Trebacio. En Alcalá, año 1589. Y Feliciano de Silva escribió después: La cuarta parte del Caballero del Febo. Sabidos estos títulos, se entenderá mejor el soneto del Caballero del Febo á Don Quijote de la Mancha, y se podrá aplicar la crítica que hizo el cura, cuando tomando el barbero un libro, dijo[114]: "Éste es espejo de caballerías." "Ya conozco á su merced—dijo el cura—. Ahí anda el señor Reinaldos de Montalván, con sus amigos y compañeros, más ladrones que Caco; y los doce Pares, con el verdadero historiador Turpín. Y en verdad que estoy por condenarlos no más que á destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte de la invención del famoso Mateo Boyardo, de donde también tejió su tela el cristiano poeta Ludovico Ariosto." Del estilo de Feliciano de Silva hizo gran burla Cervantes en otra parte[115].
82. De la misma suerte que los caballeros andantes cedieron á Don Quijote de la Mancha, fueron también inferiores sus damas á Dulcinea del Toboso. Y esto significan los versos quebrados de Urganda la Desconocida, y el soneto de la señora Oriana á Dulcinea del Toboso. Damas que hacen mucho papel en la historia de Amadís de Gaula. Fuera de que esto también alude á que en tiempo de Cervantes dieron los escritores en la ridícula manía de hacer sonetos en nombre de mujeres, para que, puestos éstos al principio de sus obras, fuesen aquéllas tenidas por poetisas y ellos se tuviesen por favorecidos de ellas.