109. También una pastora, hablando con Don Quijote, nombró con anticipación de tiempo á Camoens, celebrándole como poeta excelentísimo en su misma lengua portuguesa[181]. Que fué lo mismo que reprender las traducciones castellanas de Luis Gómez de Tapia, de Benito Caldera y de Enrique Garcés, para que se vea la dificultad que tienen las traducciones; pues dos tan semejantes dialectos de una misma lengua no son iguales en la expresión y armonía.
110. En el celebrado capítulo VI del tomo I, suponiéndose el escrutinio en tiempo de Don Quijote, se hacen críticas de las obras de Jorge de Montemayor, Gil Polo, López Maldonado, don Alonso de Ercilla, Juan Rufo, Cristóbal de Virués, y aun de La Galatea del mismo Cervantes.
111. También hace éste mención[182] de las obras del obispo de Ávila, don Alonso Tostado[183], natural de Madrigal, de donde quiso llamarse, el cual nació cerca de los años del Señor mil cuatrocientos, y murió en Bonilla de la Sierra, á 3 de Septiembre de 1455[184]. Cita el Dioscórides ilustrado por el doctor Laguna, impreso en Salamanca, año 1586, y los refranes del Comendador griego[185], publicados en la misma ciudad, año 1555. También las Súmulas de Villalpando[186], siendo así que el doctor Gaspar Carrillo de Villalpando las imprimió en Alcalá, año 1599.
112. Las obras que censuró Cervantes sin nombrar sus autores, casi todos coetáneos suyos, son muchísimas. Me contentaré con apuntar algunos ejemplos.
113. Hablando de la traducción que hizo de Ludovico Ariosto, don Jerónimo de Urrea, la cual salió á luz en León de Francia, impresa en 4.º, por Guillermo Roville, año 1556, dice en nombre del cura[187]: "Le perdonáramos al señor Capitán, que no le hubiera traído á España y hecho castellano, que le quitó mucho de su natural valor. Y lo mismo harán todos aquéllos que los libros de verso quisieron volver en otra lengua, que por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento." De donde puede inferirse cuánto más insípidas serán las dos traducciones que hicieron en prosa, y publicaron dos toledanos: el uno, Fernando de Alcocer, año 1510; el otro, Diego Vázquez de Contreras, año 1585. Entrambos tan malos, como fieles intérpretes de la letra de Ariosto. Más adelante, hablando el cura de las tres Dianas, es á saber: de la de Jorge de Montemayor, que tiene primera y segunda parte, publicada en Madrid por Luis Sánchez, año de 1545, en 12.º; de la de Alfonso Pérez, doctor en Medicina, conocido por el nombre de "Salmantino", la cual salió á luz en Alcalá, año 1564, en 8.º, y la de Gaspar Gil Polo, impresa en Valencia, año 1564. Hablando, digo, el cura de las tres Dianas, dice así: "Y pues comenzamos por la Diana de Montemayor, soy de parecer que no se queme, sino que se le quite todo aquello que trata de la sabia Felicia y de la agua encantada, y casi todos los versos mayores, y quédesele en hora buena la prosa, y la honra de ser primero en semejantes libros." "Éste que se sigue—dijo el barbero—es la Diana, llamada Segunda, del "Salmantino", y este otro, que tiene el mismo nombre, cuyo autor es Gil Polo." "Pues la del "Salmantino"—respondió el cura—acompañe y acreciente el número de los condenados al corral, y la de Gil Polo se guarde como si fuera del mismo Apolo." Poco más adelante prosiguió el barbero, diciendo: "Estos que se siguen son El pastor de Iberia, Ninfas de Henares y Desengaños de celos." "Pues no hay más que hacer—dijo el cura—sino entregarlos al brazo seglar del ama, y no se me pregunte el por qué, que sería nunca acabar." El autor de Desengaños de celos no sé quién fué. De El pastor de Iberia lo fué Bernardo de la Vega, natural de Madrid, canónigo de Tucumán, en la América meridional, y le imprimió en el año 1591, en 8.º Bernardo Pérez de Bobadilla fué el que escribió la novela Ninfas y pastores de Henares, y la publicó el año 1587, en 8.º Aludiendo Cervantes á estas dos censuras, y queriendo dar á entender que en el Viaje del Parnaso (en el cual fingió que concurrieron casi todos los poetas de España) había alabado á muchos según la fama popular, introdujo un poeta descontento, haciéndole cargo por la omisión de estos dos poetas y la censura que les hizo. Reprende dicho poeta á Cervantes de este modo[188]:
Yo te confieso, oh bárbaro, y no niego,
Que algunos de los muchos que escogiste
(Sin que el respeto te forzase, ó ruego)
En el debido punto los pusiste.
Pero con los demás, sin duda alguna,
Pródigo de alabanzas anduviste.
Has alzado á los cielos la fortuna
De muchos que en el centro del olvido
(Sin ver la luz del sol, ni de la luna)
Yacían. Ni llamado, ni escogido
Fué el gran Pastor de Iberia, el gran Bernardo,
Que de la Vega tiene el apellido.
Fuiste envidioso, descuidado y tardo,
Y á las Ninfas de Henares y Pastores,
Como á enemigos les tiraste un dardo.
Más adelante puso Cervantes entre los poetas del Viaje del Parnaso á Bernardo de la Vega, pero entre los malos poetas, diciendo así:
Llegó el Pastor de Iberia, aunque algo tarde,
Y derribó catorce de los nuestros,
Haciendo de su ingenio y fuerza alarde.
114. Continuándose el escrutinio de los libros de Don Quijote, dijo el barbero: "Este que viene es El pastor de Fílida." "No es ese pastor—dijo el cura—sino muy discreto cortesano." (Habla de Luis Gálvez de Montalvo, que publicó su Pastor de Fílida, en Madrid, año 1582.) "Guárdese como joya preciosa. Este grande, que aquí viene, se intitula—dijo el barbero—Tesoro de varias poesías." "Como ellas no fueran tantas—dijo el cura—fueran más estimadas. Menester es que este libro se escarde y limpie de algunas bajezas que entre sus grandezas tiene. Guárdese, porque su autor es amigo mío, y por respeto de otras más heroicas y levantadas obras que ha escrito." Este es Fray Pedro Padilla, natural de Linares, religioso carmelita, y antes, según dicen, caballero de la Orden de Santiago. Entre otras muchas obras poéticas, publicó un Cancionero, en el cual se contienen algunos sucesos de los españoles en la jornada de Flandes. Imprimióse en Madrid, en casa de Francisco Sánchez, año 1583, en 8.°, y Miguel de Cervantes escribió un soneto en alabanza del autor.
115. Últimamente, por acabar su escrutinio, dice Cervantes: "Cansóse el cura de ver más libros, y así, á carga cerrada, quiso que todos los demás se quemasen; pero ya tenía abierto uno el barbero, que se llamaba: Las lágrimas de Angélica." "Lloráralas yo—dijo el cura—en oyendo el nombre, si tal libro hubiera mandado quemar, porque su autor fué uno de los famosos poetas del mundo, no sólo de España, y fué felicísimo en la traducción de algunas fábulas de Ovidio." Entiendo yo que habla aquí del capitán Francisco de Aldana, alcaide de San Sebastián, que murió gloriosamente en África peleando con los moros, cuya gloriosa muerte celebró en octavas rimas su hermano Cosme de Aldana, gentilhombre de Felipe II, al principio de sus sonetos y octavas, que se imprimieron en Milán, año 1587, en 8.º Este Cosme de Aldana imprimió todas las obras que pudo hallar de su hermano Francisco, en Madrid, en la imprenta de Luis Sánchez, año 1593, en 8.º, y habiendo recogido después otras muchas, publicó Segunda parte en Madrid, en la imprenta de Pedro Madrigal, año 1591, en 8.º De Francisco de Aldana dice su hermano Cosme, que tradujo en verso suelto Las epístolas de Ovidio, y que compuso una obra De Angélica y Medoro, de innumerables octavas; y si bien no se imprimieron, porque no se hallaron; porque de estas dos obras venimos en conocimiento de que Cervantes habló de Francisco de Aldana, y no de Luis Barahona de Soto, de quien tenemos doce cantos de La Angélica, prosiguiendo la invención de Ariosto. De cuyo poema dijo don Diego Saavedra Fajardo en su admirable República literaria: "Ya con más luz nació Luis de Barahona, varón docto y de levantado espíritu. Pero sucedióle lo que á Ausonio, que no halló con quién consultarse. Y así dejó correr libre su vena, sin tiento ni arte." Juicio que también arguye ser otro el poeta á quien alabó sin medida Miguel de Cervantes Saavedra, el cual añade en el capítulo siguiente: "Se cree que fueron al fuego, sin ser vistos ni oídos, La Carolea y León de España, con Los hechos del Emperador, compuestos por don Luis de Ávila, que sin duda debían de estar entre los que quedaban. Y quizá, si el cura los viera, no pasaran por tan rigurosa sentencia." La Carolea, de que Cervantes hace mención, puede ser la que Hierónimo Sempere imprimió en Valencia, año 1560, en 8.º Pero más me inclino á que sea la que publicó en Lisboa, año 1585, Juan Ochoa de Lasalde; porque hablando Cervantes en su Viaje del Parnaso de la lista de poetas que le dió Mercurio, dice así: