No te metas en dibu-
Ni en saber vidas aje-
Que en lo que no va ni vie-
Pasar de largo es cordu-.
144. Solamente en lo que toca á Don Quijote no quiero pasar en silencio que se engañan mucho los que piensan que Don Quijote de la Mancha es una representación de Carlos V, sin más fundamento que antojárseles así. Cervantes apreciaba como debía la memoria de un príncipe y señor suyo de tanto valor y de tan heroicas virtudes, y muchas veces le nombró con la mayor veneración. También se engañan los que piensan que pintó en Don Quijote á don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, entonces duque de Lerma, después cardenal presbítero, con el título de San Sixto, por elección de Paulo V, en 26 de Marzo de 1618. Pero este pensamiento de ningún modo es creíble, porque mandando á España el duque de Lerma no se atrevería Cervantes á hacerle una burla tan infame, que le podía salir muy cara, ni dedicaría la continuación de dicha obra al conde de Lemos, íntimo amigo del duque.
145. Querer hablar de las traducciones que se han hecho de la historia de Don Quijote, sería alargarnos demasiado. Solamente diré, para satisfacer de algún modo la curiosidad de los lectores, que Lorenzo Franciosini, florentino, hombre muy amante y benemérito de la lengua española, dentro de muy pocos años la tradujo en italiano y la publicó en Venecia, año 1622, omitiendo los versos; pero habiéndoselos traducido después Alejandro Adimato, también florentino, publicó por segunda vez la misma traducción en Venecia, año 1625, en 8.º, siendo el impresor Andrés Baba. Debo esta noticia á don Nicolás Antonio, y la he leído en sus Apuntamientos manuscritos, donde dice que así se lo había escrito desde Florencia su amigo Antonio Magliabequi. La misma historia se tradujo en francés, y se publicó en París, año 1678, en dos volúmenes en 12.º Después en inglés y en otras lenguas. Pero hay tanta diferencia del original á las traducciones, como de lo vivo á lo pintado. Decía Don Quijote, y no decía mal[222]: "Que el traducir de una lengua en otra, como no sea de las reinas de las lenguas griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que aunque se ven las figuras, son llenas de hilos que las oscurecen, y no se ven con lisura y tez de la haz, y el traducir de lenguas fáciles, ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada, ni el que copia un papel de otro papel." Pero esto debe entenderse de aquellos libros cuya gran parte de perfección no consiste en el estilo, porque donde tanto reina la gracia de decir, como en éste de Don Quijote, la traducción no es posible que corresponda al original. No será fuera de propósito un cuento. Bien notorio es cuán ingenioso fué Mons. Row, célebre poeta inglés. Procuraba éste obsequiar al conde de Oxford, gran tesorero de Inglaterra, el cual un día le preguntó si entendía bien la lengua española. Respondióle que no, y persuadiéndose á que pensaría enviarle á España con alguna honrosa comisión, añadió que dentro de poco tiempo esperaba entenderla y hablarla. Aprobólo el conde; retiróse Mons. Row á una quinta, y como era tan hábil, dentro de pocos meses aprendió la lengua española, y fué á dar cuenta de su buena diligencia. El conde exclamó: "¡Dichoso vuestra merced, que puede tener el gusto de leer y entender el original de la historia de Don Quijote!" Quedó el poeta tan frío, como honrada la memoria de Miguel de Cervantes Saavedra.
146. El cual, mientras estaba trabajando la continuación de la historia de Don Quijote, se divertía en escribir algunas novelas, que salieron á luz con este título: Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra. En Madrid, por Juan de la Cuesta, año 1613, en 4.º
147. Las novelas son doce, y sus títulos éstos: La gitanilla, El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, El licenciado Vidriera, La fuerza de la sangre, El celoso extremeño, La ilustre fregona, Las dos doncellas, La señora Cornelia, El casamiento engañoso, Los perros Cipión y Berganza.
148. Estaba Cervantes tan justamente satisfecho de estas Novelas (algunas de las cuales, como Rinconete y Cortadillo y otras, años había[223] que las tenía compuestas), que dedicándolas al conde de Lemos, llegó á decirle: "Advierta vuestra excelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos, que á no haberse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran ponerse al lado de los más pintados." Pero es muy del caso referir aquí cuál fué la idea de Cervantes, para que se haga mejor juicio de la censura que le hizo el escritor aragonés.
149. Después de haber dicho Cervantes que si en la historia de Don Quijote hubiera solicitado ambiciosas alabanzas le hubiera ido mejor, prosigue así: "En fin, pues ya esta ocasión se pasó, y yo he quedado en blanco y sin figura, será forzoso valerme por mi pico que, aunque tartamudo, no lo será para decir verdades, que, dichas por señas, suelen ser entendidas. Y así te digo (otra vez, lector amable) que de estas Novelas que te ofrezco, en ningún modo podrás hacer pepitoria, porque no tienen pies ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca. Quiero decir, que los requiebros amorosos que en algunas hallarás son tan honestos y tan medidos con la razón y discurso cristiano, que no podrán mover á mal pensamiento al descuidado ó cuidadoso que las leyere. Heles dado el nombre de ejemplares; y si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso. Y si no fuera por no alargar este sujeto, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que se podría sacar, así de todas juntas, como de cada una de por sí. Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar á entretenerse sin daño de barras, digo sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan. Sí, que no siempre se está en los templos. No siempre se ocupan los oratorios. No siempre se asiste á los negocios, por calificados que sean. Horas que hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse. Para este efecto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan con curiosidad los jardines. Una cosa me atreveré á decirte, que si por algún modo alcanzara que la lección de estas novelas pudiera inducir á quien las leyere algún mal deseo ó pensamiento, antes me cortara la mano con que las escribí que sacarlas en público. Mi edad no está ya para burlarse con la otra vida; que al cincuenta y cinco de los años, gano por nueve más, y por la mano. Á esto se aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi inclinación, y más que me doy á entender (y es así) que soy el primero que ha novelado en lengua castellana; que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extranjeras; y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas. Mi ingenio las engendró y las parió mi pluma y van creciendo en los brazos de la estampa... Sólo esto quiero que consideres, que pues yo he tenido osadía de dirigir estas novelas al gran conde de Lemos, algún misterio tienen escondido que las levanta." Este misterio lo es para mí. Declárelo quien lo entienda. En lo demás, claramente entendemos el motivo que tuvo Cervantes para llamar ejemplares á sus Novelas. Con todo esto el maldiciente aragonés empezó su prólogo de esta manera: "Como casi es comedia toda la historia de Don Quijote de la Mancha, no puede ni debe ir sin prólogo, y así sale al principio de esta segunda parte de sus hazañas éste, menos cacareado y agresor de sus lectores que el que á su primera parte puso Miguel de Cervantes Saavedra, y más humilde que el que segundó en sus novelas, más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas."
150. No hagamos caso de que por burla llama "cacareado" á un "prólogo" tan justamente celebrado, queriendo parear sus necedades con aquellas incomparables discreciones. Ni nos detengamos en que llame "agresor de los lectores" á un "prólogo" en el cual nada se dice contra éstos. Lo que á este satírico, como á envidioso, le dolía, era el que Cervantes hubiese dicho haber sido el primero que, valiéndose de su propia invención, noveló en lengua castellana. Oigamos á Luis Gaitán de Vozmediano, el cual en el prólogo de la traducción que hizo de la Primera parte de las cien novelas de Mons. Juan Bautista Giraldo Cinthio, impresa en Toledo por Pedro Rodríguez, año 1590, en 4.º, hablando de las novelas rigorosamente tales, y entendiendo por ellas, á mi ver, "unas ficciones de sucesos amorosos, escritas en prosa artificiosamente para divertir é instruir á los lectores" (según las definió el eruditísimo Huet), dice así: "Ya que hasta ahora se ha usado poco en España este género de libros, por no haber comenzado á traducirlos de Italia y Francia, no sólo habrá de aquí adelante quien por su gusto los traduzca, pero será por ventura parte el ver que se estima esto tanto en los extranjeros, para que los naturales hagan lo que nunca han hecho, que es componer novelas. Lo cual entendido harán mejor que todos ellos, y más en tan venturosa edad cual la presente." Así sucedió: porque Cervantes escribió algunas novelas con tanto ingenio, discreción y elegancia, que pueden competir con las mejores, no coartando el nombre de novela á las fábulas amorosas, sino haciendo sujeto de ella cualquier asunto capaz de divertir honestamente á los lectores. Lope de Vega estuvo tan ajeno de contradecirlo, que antes bien alabó la invención, gracia y estilo de Cervantes, cuando en la dedicatoria de su primera novela dijo: "También hay (en España) libros de novelas: de ellas traducidas de italianos, y de ellas, propias, en que no faltó gracia y estilo á Miguel de Cervantes." Pero porque esto mismo dicho con sencillez por Cervantes causó envidia al detractor, notó éste su prólogo de poco humilde, y á sus Novelas, de más satíricas que ejemplares, aludiendo sin duda á las dos novelas del Licenciado Vidriera y de los Perros Cipión y Berganza: de las cuales ésta mereció la aprobación de Pedro Daniel Huecio[224], hombre el más erudito que ha tenido la Francia; y aquélla juzgo yo que es el texto donde Quevedo tomaba puntos para formar después sus lecciones satíricas contra todo género de gentes.
151. Ultimamente, por lo que toca á intitular ejemplares á las Novelas, yo, hablando con ingenuidad, no las hubiera llamado así; y en esto no me aparto del juicio de Lope de Vega, el cual, acabando de alabar las novelas de Cervantes, añade[225] "Confieso que son libros de grande entretenimiento, y que podrían ser ejemplares como algunas de las historias de Valdelo; pero habían de escribirlos hombres científicos, ó por lo menos grandes cortesanos, gente que halla en los desengaños notables sentencias y aforismos." Pero para censurar el título que dió Cervantes á sus Novelas, era menester probar que no le convenía. Mas ésta no era empresa para el censurador aragonés, el cual debía haber observado la explicación de Cervantes, y tomado esta breve lección del maestro Alexio Venegas[226]: "Resumiendo (dice) todas estas tres especies de fábulas, digo que la fábula mitológica es una habla que con palabras de admiración significa algún secreto natural ó cuento de historia. La apológica es una ejemplar figura de habla, de cuya certeza se entiende la intención del fabulador, que es componer las buenas costumbres. La fábula milesia es un desvarío vano, sin meollo de virtud ni ciencia, urdido para embravecer á los simples." Dejando, pues, Cervantes la fábula mitológica á los poetas antiguos, y la milesia á los escritores desvergonzados, antiguos y modernos, escogió para sí la apológica ó ejemplar. Y para que esto se acabe de entender, oigamos de nuevo á aquel necio reprensor, que por ventura nos dará ocasión para defender á Cervantes con alguna novedad. "Conténtese (dice)[227] con su Galatea y comedias en prosa; que eso son las más de sus novelas. No nos canse." Que las comedias sean escritas en prosa, no es maravilla, pues las griegas y latinas casi todas están compuestas en versos, y ambos tan semejantes á la prosa, que muchas veces apenas se distinguen de ella. Y las mejores comedias que tenemos en español, que son La Celestina y Eufrosina, están escritas en prosa. De La Celestina dijo el docto autor del Diálogo de las lenguas, que quitándole algunos vocablos fuera de propósito y algunos otros latinos, era de opinión "que ningún libro hay escrito en castellano adonde la lengua esté más natural, más propia, ni más elegante". Y después de él, dijo Cervantes[228], que era "libro en su opinión divino, si encubriera más lo humano"; juicios que, según el mío, totalmente cuadran también á La Eufrosina. Pero no puedo disimular, que en medio de la pureza de estilo de ésta, hay frecuentísimas alusiones pedantescas, las cuales empalagan mucho el delicado gusto de los lectores.
152. Que las novelas sean comedias, no es mucho; pues siendo la novela una fábula, es necesario que sea alguna de las especies de la fábula, y en mi juicio puede ser cualquiera de ellas, como se puede observar en esta inducción, en la cual me valdré de los ejemplos de Cervantes en cuanto ellas alcancen, para que se vea que fué diestrísimo en casi todas las especies de composición fabulosa.