153. Toda "fábula" es ficción, y toda ficción es narración, ó de cosas que no sucedieron, pero fueron posibles, ó de cosas que ni sucedieron ni fueron posibles. Si la narración es de cosas meramente posibles, y se atiende la semejanza y proporción que tiene lo fingido con lo que se quiere persuadir, se llama "parábola", de que están llenos los sagrados libros, y el que compuso el infante don Juan Manuel en su discretísimo Conde Lucanor. Y si atendemos la invención se llama novela, nombre que en este significado no es muy antiguo en España. Pero si la narración es de cosas imposibles, se llama "apólogo", como las fábulas de Esopo y de Fedro. En cuyo género de composición se debe observar que, aunque sea la hipótesis imposible, una vez que sus partes se suponen existentes, se deben guardar con verosimilitud la propiedad y costumbres de las personas fingidas, siguiendo en todo la naturaleza de las cosas. Es de tanto provecho esta invención, que se halla practicada en las divinas letras, pues en el Libro de los Jueces[229] leemos, que los árboles de la montaña tuvieron sus cortes para alzar por rey uno de ellos. Algunos de los cuales no quisieron aceptar el reinado. La oliva, por no dejar su grosura; la higuera, la dulzura de sus frutos; la vid, el vino regocijador; y viniendo á la cambronera, no sólo aceptó el cetro, sino que á no dárselo, amenazó con pena de fuego á los cedros del Líbano. También leemos en el Libro cuarto de los Reyes[230], que Joaz, rey de Israel, envió á decir á Amasías, rey de Judá, que se contentase con las victorias que había alcanzado, sin querer haberlas consigo, guardándose no le aconteciese lo que al cepacaballo (que es el que dicen cardo corredor), el cual envió á decir al cedro del monte Líbano que diese su hija para casarla con su hijo, y al tiempo que hacía esta propuesta, pasaron los bestias del Líbano y atropellaron y maltrataron al cardo, cuando con tanta arrogancia aspiraba á ser consuegro del cedro. Esto supuesto, se debe tener por apólogo La novela de los perros, donde introdujo Cervantes un agradable coloquio entre Cipión y Berganza, perros del hospital de la Resurrección de Valladolid.

154. En lo que toca á las novelas, dichas así especialmente, su ficción se compone, ó de partes meramente posibles, como casi todas las que hay escritas, ó de sucesos verdaderos, pero que no tuvieron el enlace y consecuencia que dice el autor, porque si no, sería historia ó relación verdadera, como lo es en gran parte la Novela del cautivo, advirtiéndolo el mismo Cervantes[231], pero no lo es el enredo y desenredo en que consiste la "novela" ó "fábula".

155. La ficción de cosas posibles, ó propone la imitación de una idea perfecta, la mejor que pueda imaginarse según las acciones ilustres que se han de engrandecer, ó una idea de la vida civil que sea más practicable, ó los defectos de la naturaleza ó del ánimo, ahora sea para reprenderlos, ahora para incitar á su burla ó imitación, que á tanto como esto llega la malignidad del entendimiento humano.

156. Si la "fábula" propone una idea muy perfecta, se llama "epopeya", la cual representa con gallardía las acciones ilustres de personas insignes en las artes de la paz ó de la guerra, con el fin de excitar los ánimos de los lectores á la admiración y de moverlos á la imitación de tan heroicas virtudes. Tales son la Ilíada y Odisea, de Homero.

157. Antonio Diógenes, que, según conjetura Focio[232], Patriarca de Constantinopla, vivió poco después de Alejandro Magno, escribió una Novela de las peregrinaciones y amores de Dinias y Dercilis, donde se ve una manifiesta imitación de las peregrinaciones de Ulises y amores de Calipso. La "novela" que compuso "de las cosas de Etiopía" Heliodoro, obispo de Trica en Tesalia, también está escrita á imitación de la Odisea, de Homero; asimismo la de los amores de Clitofón y Lencippes, menos honesta que la otra; su autor, Aquiles Tacio, que si creemos á Snides también fué obispo. Y para que á nuestra edad no faltase otro, también novelista á lo de Homero, Mons. Fenelón, arzobispo de Cambray, ingeniosamente escribió con estilo poético Las aventuras de Telémaco. Últimamente (por no apartarme de Cervantes), Los trabajos de Persiles y Sigismunda son una clara imitación de la Odisea, de Homero, y Etiópica, de Heliodoro, con quien Cervantes intentó competir; y en mi juicio, le hubiera aventajado, si con la fecundidad de su ingenio no hubiera entremezclado tantos episodios, que desfiguran y desaparecen la constitución y proporción de los miembros de la fábula principal. Pero este mismo descuido tiene una singular prerrogativa, y es, que muchos de estos episodios son otras tantas "tragedias", donde la acción es una, y de persona ilustre, y el estilo correspondiente á la grandeza de la acción, sin que falte otra cosa para la composición de una perfecta tragedia, sino la disposición dramática, coro y aparato escénico.

158. La "fábula" de Don Quijote de la Mancha imita la Ilíada. Quiero decir, que si la ira es una especie de furor, yo no diferencio á Aquiles airado de Don Quijote loco. Si la Ilíada es una fábula heroica escrita en verso, la novela de Don Quijote lo es en prosa: "que la épica (como dijo[233] el mismo Cervantes), también puede escribirse en prosa como en verso".

159. Si la "novela" propone una idea de la vida civil con su artificioso enredo é ingeniosa solución, es "comedia". Y por tales tengo yo casi todas las novelas de Cervantes, y como comedias se han representado muchas de ellas, sólo con haberlas dispuesto en forma dramática.

160. Si la vida que representa la novela es pastoril, se llamará "égloga" con toda la propiedad. Y así llamó Cervantes á su Galatea[234]. Veamos, pues, ahora, cuán bien cuadra lo que dijo el ignorante aragonés. "Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus novelas. No nos canse." Á fe que no diría esto Lope de Vega, su oráculo, pues en su Novela del desdichado por la honra, dijo[235]: "Yo he pensado que tienen las "novelas" los mismos preceptos que las "comedias".

161. Si las costumbres se reprenden con acrimonia descubierta y severidad del ánimo, la "novela" será "sátira", como La gitanilla, Rinconete y Cortadillo, El licenciado Vidriera y Los perros Cipión y Berganza, que son cuatro ingeniosísimas sátiras, semejantes, según podemos conjeturar, á las que compuso Marco Varrón, intitulándolas "menipeas", aludiendo á que Menipo, filósofo cínico, trató cosas muy graves con estilo gracioso. La gitanilla es una reprensión de las costumbres de los gitanos, salteadores, siempre perseguidos y nunca acabados. Rinconete y Cortadillo es una satírica representación de la vida ladronesca, y especialmente de la de los cortabolsas, que llamamos "gatuna". El licenciado Vidriera es una censura general de todos los vicios. La novela de los perros es una invectiva contra los abusos que hay en la profesión de varios ejercicios y empleos.

162. Si las costumbres ó acciones se representan ridículas, la novela es "entremés", de cuya composición, como diré en su lugar y tiempo, nos dejó Cervantes ocho ideas, y en las cuatro novelas recién alabadas hay mucho de eso y aun en la de Don Quijote.