Nueva explosión de risa en el señor gordo. Julia, encendida como la grana, mirábale con ira... con odio. En aquel momento, un jovenzuelo flaco, sucio y desarrapado, se acercó tímidamente, mirando fijamente á Julia.

—Ahora que esto se está poniendo de moda y que se está construyendo tanto por aquí, pronto harán desaparecer ese adefesio, para levantar en su lugar alguna buena finca.

—Ese adefesio es mío, y nadie podrá hacerlo desaparecer sin mi consentimiento; y el que quiera edificar una buena finca, no lo hará seguramente en este solar.

El caballero, sin parar su atención en el tono agresivo de Julia, se encogió de hombros. Julia habíase fijado en aquel jovenzuelo que, á pocos pasos, estaba mirándola embelesado. Acercóse á él; aquel rostro no le era desconocido.

—¿Cómo se llama usted?—preguntó Julia al individuo en cuestión.

—Pascual—contestó tímidamente el interrogado.

—¿El hijo de la Pepona?

El jovenzuelo contestó que sí con un movimiento de cabeza, sin dejar de mirar á Julia ni un momento.

—¿No te acuerdas de mí?—preguntó ésta.

Movimiento de duda en el aludido.